Martes 09 de Junio de 2015
Los generales del Ejército Juan José Valle y Raúl Tanco encabezaban hace 59 años un levantamiento que intentó reponer a Juan Domingo Perón como presidente de la Argentina, y que la dictadura de Pedro Eugenio Aramburu sofocó con una masacre en la que fueron fusilados 18 militares y 13 civiles.
Hacía nueve meses que un golpe de Estado había derrocado a Perón e instaurado un régimen cívico militar autodenominado como "Revolución Libertadora".
El general Eduardo Leonardi, un nacionalista católico que había asumido la presidencia tras el golpe, resultó desplazado en noviembre de 1955 por Aramburu, quien acentuó la desperonización del país. La dictadura congeló salarios y propició el ingreso del país al Fondo Monetario Internacional (FMI), que le recomendó ejecutar una política de ajuste a cambio de prestarle asistencia financiera.
Ese contexto generó un clima de creciente malestar entre la clase trabajadora y alentó la sublevación de Valle y Tanco, secundados por los coroneles Oscar Cogorno, Alcibíades Cortínez y Ricardo Ibazeta.
El movimiento estaba infiltrado por agentes del gobierno, que el 8 de junio ordenó numerosas detenciones entre gremialistas y activistas con el propósito de restarle sustento social al pronunciamiento.
Ese mismo día, Aramburu viajó a Santa Fe, pero antes de partir dejó preparados los decretos 10362, 10363 y 10364, que establecían la ley marcial y la pena de muerte.
La señal para el inicio de la sublevación se daría por radio, durante la transmisión de la pelea entre Eduardo Lausse y el chileno Humberto Loayza, que se celebraba en la noche el sábado 9 de junio en el Luna Park. El alzamiento se verifica en Campo de Mayo, la Escuela de Mecánica del Ejército, los Regimientos 2 de Palermo y 7 de La Plata, y en Viedma, Rosario y Rafaela. Los combates entre los efectivos del gobierno y los sublevados se produjeron entre las 22 y la medianoche del 9, en tanto que los decretos firmados por Aramburu se difundieron a las 0.30 del 10. Esas normas fueron creadas para aplicarse de manera retroactiva, en una clara violación de los principios del derecho penal, ya que los fusilamientos estaban decididos de antemano. En la madrugada comienzan las ejecuciones de los detenidos, y el teniente coronel Desiderio Fernández Suárez, al mando de la Policía de la provincia de Buenos Aires, le ordena al comisario Rodolfo Rodríguez Moreno fusilar a 12 personas apresadas en la localidad bonaerense de Florida.
Los detenidos son llevados a los basurales de José León Suárez, donde cinco son asesinados por las balas policiales y los otros siete logran escaparse. En la mañana, un tribunal militar presidido por el general Juan Carlos Lorio realiza un juicio sumario a militares sublevados y concluye que los detenidos, aunque "culpables del delito de sedición", no deben ser fusilados.
Aramburu le ordena al tribunal que rectifique su fallo y Lorio le pide al mandatario que manifieste por escrito su decisión de ejecutar a los detenidos.
El militar que ejercía la presidencia le contesta con la elaboración de una lista de 11 militares rebeldes que horas más tarde son pasados por las armas. Ante la muerte de sus camaradas, Valle, escondido en una casa de la calle Corrientes, en Buenos Aires, decide entregarse a condición de que se detenga la represión. El general peronista es conducido al Primer Cuerpo de Ejército, en Palermo, donde tras un juicio sumario se lo condena a morir frente a un pelotón de tiradores. Valle será asesinado el 12 de junio, pasadas las 22, en la Penitenciaría ubicada en la calle Las Heras, sin que medie una orden de ejecución escrita.