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Sangre gringa y de campeón

Heinze disputó su último partido en el Coloso y los hinchas rojinegros le rindieron un emotivo tributo de despedida.

Domingo 11 de Mayo de 2014

“Hacer crecer a un club no es ganar clásicos, se hace consiguiendo estrellas y peleando Copas. Eso es ser grande”. Esa fue una de las frases, cargadas de tensión emocional, que decidió utilizar Gabriel Heinze para pintar su despedida. Así, el Gringo, un auténtico caudillo con sangre en ebullición y mentalidad ganadora, decidió ponerle punto final a su extraordinaria carrera como futbolista. Con el plantel, los directivos, su familia y un Coloso abarrotado como fieles testigos de una escena conmovedora que llegó después de la goleada 4-2 a All Boys.

   Heinze estuvo al borde de las lágrimas más de una vez, pero se recompuso para agradecer semejante muestra de devoción. “Soy un privilegiado. Esto es lo que quería, retirarme en mi club, en mi casa”, señaló repasando con la mirada cada rincón del estadio leproso. Micrófono en mano, en el centro de la cancha, frenaba su alocución cuando la voz se le cortaba o cuando bajaban cánticos en su honor desde las tribunas. Al lado, sus compañeros lucían una remera con la inscripción: “Gracias Gringo. Gracias Campeón”.

   Previamente, Bernardi le había entregado en nombre del equipo una camiseta rojinegra enmarcada, que el Gringo besó y levantó con firmeza sus brazos en alto. Los dirigentes (el presidente Lorente y el secretario Morosano) le regalaron una plaqueta recordatoria. Y su familia también le acercó un cuadro del equipo, algo que casi lo quiebra. Cada gesto era una imagen que alimentará de por vida su memoria emotiva.

   La jornada de evocaciones arrancó antes del partido, con un video en una pantalla que se colocó sobre la tribuna del Palomar. Allí se repasó la carrera del Gringo, con imágenes de sus participaciones en cada uno de los clubes que pasó. Fueron 8 equipos, la selección y 12 títulos, una ecuación que lo eleva como un verdadero “elegido” entre los futbolistas terrenales.

   A las 17.05 asomó por la manga, primero en la fila con la cinta roja de capitán en su brazo izquierdo. Sentido, trató de correr para no dejarse ganar por el marco y su circunstancia. Enseguida, sus compañeros lo buscaron para inmortalizar el momento con una foto. Figueroa, Bernardi, Guzmán y Víctor López fueron los primeros que consiguieron el retrato. Después, todo el plantel, con el cuerpo técnico y los colaboradores, posaron con la popular Maradona de fondo.

   Los hinchas ofrecieron sus canciones del corazón, todas dirigidas al defensor, a manera de natural homenaje. “Este es el famoso Gringo, que volvió a La Lepra para ser campeón”, fue una de las más utilizadas por la ingeniería tribunera rojinegra. Encima, el himno entonado por una banda militar agregó más emotividad.

   El encuentro fue una mezcla de flashes. La cabeza levantada y los pases largos. El cuchillo entre los dientes. El patadón a Calleri y el desvío en el primer gol visitante. Los aplausos. Sus sigilosos pasos atrás, cuando la pelota estaba lejos, para contemplar el Coloso y su merecido tributo.

   En el entretiempo hubo otro video en el que destacó el valor de conseguir títulos. “Lo mejor que le puede pasar a un jugador-hincha de Newell’s es caminar dando una vuelta olímpica y que la gente te grite Dale Campeón”, comentó y los fanáticos entregaron una cerrada ovación desde cada costado.

   Tras el pitazo final de Baliño, con la victoria consumada y con la dedicatoria que tuvo de los autores de los goles (Ponce 2, Castro y Maxi Rodríguez), pasaron otro video con mensajes de los jugadores. Banega, Lucas, La Fiera, Casco, Muñoz, el Patón y López destacaron con emotivos relatos las virtudes futbolísticas, y especialmente las personales, de este gladiador que decidió su retiro.

   A las 19.35, después de dar una vuelta por todo el campo saludando a la afición, el Gringo abrazó a sus hijos y se metió en el túnel con un aplauso vibrante del Coloso. Unos minutos antes había dicho: “Lo más lindo que le puede pasar a un futbolista es ser honesto y campeón”... Y así se fue Heinze, lleno de honor y de gloria. Y con la promesa de afecto eterno por parte del hincha de Newell’s.

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