Martes 25 de Mayo de 2010
Una nube negra se cierne sobre el futuro del rascacielos de 400 metros que el gigante del gas ruso Gazprom planea construir en San Petersburgo, después de que el presidente ruso, Dmitri Medvedev, respaldara las críticas lanzadas por la Unesco.
Por ahora, las obras en el Okhta Center, que albergaría la sede de Gazprom, fueron suspendidas después de que el mandatario enviara una carta a las autoridades locales alegando que el edificio será demasiado alto, informó ayer el diario ruso "The Moscow Times".
La carta de Medvedev respalda la línea adoptada por la Unesco, que considera que el rascacielos destruirá la imagen del casco antiguo de San Petersburgo y ha amenazado con quitarle de la lista de Patrimonio de la Humanidad.
Los conservacionistas esperan que se mantenga la estampa de esa pintoresca metrópolis de 4,5 millones de habitantes, dominada por las doradas cúpulas de sus templos y sus palacios. En Rusia la intervención de Medvedev resulta polémica. El Kremlin confirmó el envío de la carta y, según la agencia de noticias Interfax, la portavoz de Medvedev (Natalia Timakova) dijo que su gesto es una práctica común "entre las competencias del presidente". El jefe de Estado simplemente "recordó" a las autoridades locales las obligaciones internacionaldes de Rusia, señaló con respecto a la protección del patrimonio. Sin embargo, hay quienes creen que Medvedev oculta motivos personales, pues nació en San Petersburgo y fue un destacado directivo de Gazprom antes de que despegara su carrera política. Las autoridades de San Petersburgo rechazan las críticas de la Unesco y los conservacionistas. Según la gobernadora Valentina Matvijenko, la ciudad no puede comprar nada con ese título, que sólo es "un bonito lazo". La construcción del rascacielos, que cuenta con el permiso del gobierno de San Petersburgo, tiene un costo de 1.600 millones de dólares. Esperan que este símbolo de poder con forma de arco de cristal esté listo en 2016. (DPA)