Domingo 11 de Abril de 2010
¿Qué sentirán quienes llegan a la ciudad de San Lorenzo procedentes de lugares distantes y conocen el Convento San Carlos, el Pino histórico y el Campo de la Gloria? Porque para nosotros, la gente de la zona, es un lugar casi cotidiano, un lindo espacio para ir a tomar mate los fines de semana. Pero, en general, no nos damos cuenta de su importancia en el acervo histórico nacional. Los que visitan San Lorenzo deben sentir la misma emoción que vivimos cuando vamos a Yapeyú, al Cabildo de Buenos Aires, a la Casa de Tucumán, al predio del Plumerillo, a Uspallata o a cualquiera de esos lugares donde se escribieron páginas de la historia, a veces con tinta, a veces con esfuerzo, a veces con sangre. Ahora bien: suele suceder que, curiosamente, cuando se habla de San Lorenzo viene a la memoria principalmente, no la figura de San Martín (por entonces teniente coronel), sino la del puntano granadero Baigorria y la del correntino (de Saladas) Juan Bautista Cabral. Y entonces recordamos esa imagen en la tapa de un viejo cuaderno de primer grado, en la que se ve a los dos soldados salvando a quien sería el Padre de la Patria, el "Santo de la espada" según el decir de Ricardo Rojas. Quién puede evadirse de la emoción que producen estas palabras: "Cabral ¡soldado heroico!, cubriéndose de gloria; cual precio a la victoria su vida rinde haciéndose inmortal". O aquellas otras de la conocida canción Sargento Cabral: "Raza de toro y yaguareté... ¡más correntino que el yacaré!
Edgardo Urraco
urracoweb@latinmail.com