Viernes 31 de Octubre de 2008
La violencia siempre es injustificable; parto de esta premisa, pero trato de entender lo aparentemente inexplicable. Porque me dolió la nota publicada el pasado 21 de octubre en La Capital, donde se golpeaba con una visión parcial a toda la comunidad de Clarke, de la que formo parte hace 25 años, a un club del cual fui dirigente y donde mis hijos crecieron. Un pueblo que no registraba un solo antecedente de estas características. ¿Dónde está la causa de esta reacción descalificadora? ¿Por qué este incidente? Y aquí es donde disiento con el autor de la nota. El origen es a partir de una jugada desafortunada por parte del árbitro al sancionar un penal inexistente. Este es el momento clave que origina los hechos posteriores, reitero injustificables. Como también lo fueron los incidentes ocurridos en la parcialidad visitante, que ya durante el primer tiempo arrojó proyectiles (léase botellas de cerveza) al campo de juego y culminó con una gresca importante entre varios de ellos con algún lesionado de consideración. Luego de ese error del referí comienza un desborde espontáneo, general, incontrolable que desemboca en la agresión al juez del partido. Pero también cabe destacar que hubo quienes trataron y lograron controlar a los más exaltados, protegiendo y dando la seguridad necesaria. Tratando de ser objetivo, y en esto creo que el periodismo debe serlo aún más, es que escribo estas líneas, simplemente para agregar un poco de luz sobre un hecho bastante negro, tanto en su causa como en sus efectos.
Roberto H. Apa,
DNI 12.010.756