Martes 07 de Enero de 2014
Osho, Chopra, Coelho, Louise Hay, Weiss, Sai Baba, y nuestros vernáculos Paluch, Sueiro y Claudio María Domínguez, no me aportaron más enseñanzas que Patoruzito, D’artagnan o El Tony. Sus reflexiones son notablemente pueriles ante la sabiduría encerrada en las sentencias de Nippur de Lagash, Pepe Sánchez o la Chacha, con el plus, estas últimas, de enmarcarse en bellísimos contextos de extraordinarias aventuras, estimulando nuestra ávida imaginación, gestadas en las creativas plumas de Robin Wood, Olivera, Vogt y Quinterno. Lo único interesante rescatar de esa gente es cómo hacerse millonario escribiendo frases hechas y obviedades humanísticas, ingeniosamente suplementadas con condimentos de dudosas pseudociencias. Esto se advierte fácilmente al notar el comportamiento de la gran mayoría de la población mundial consumidora de esta superficial literatura, generalmente de países desarrollados y subdesarrollados de occidente, donde evidentemente, los postulados tan bienintencionados de estos “sabios” referentes no se aplican convenientemente, habida cuenta del deterioro moral y ético de esa parte del mundo, donde la empatía, la solidaridad y el respeto al prójimo sólo se manifiestan estáticas en las indiferentes páginas de sus libros. Si quieren aprender, miren a su alrededor, estén atentos, miren a los niños, escuchen a los viejos, hablen con sus amigos, lean y aprendan ciencia, estudien las religiones, sean escépticos, duden, acérquense al arte y a los artistas, bailen, canten, lloren y puteen, eviten el rebaño. Sean ustedes sus propios dioses y lo demás vendrá por añadidura. ¡Humildemente, salud!
Eduardo Juárez
DNI 14.975.974