Jueves 17 de Julio de 2014
Típico de argentinos. Siempre, obviamente, a la luz de los resultados. Si el domingo embocaba la que pasó al lado del palo, hoy no existirían tantos detractores.
La realidad es que este jugador no colmó las expectativas del hincha promedio, que espera de los jugadores de su selección no sólo buen juego, sino ese plus que históricamente se le ha reconocido a tantísimos jugadores que se pusieron la celeste y blanca. Y las dos posturas son atendibles y tienen sus argumentos para sostenerse. Quienes le brindan gratitud y reconocimiento lo hacen desde el convencimiento que Messi es un enorme jugador de fútbol, el mejor de los últimos años sin dudas, determinante, desequilibrante e inigualable. Es eso, un tremendo jugador. Desde su talento su figura se agiganta, pero desde su carácter a veces apático e impasible, se debilita.
Y es ahí donde aparecen esos detractores que, entre otras cosas, no pueden evitar las comparaciones con el más grande de todos los tiempos. Y lo que debería ser un halago para Lionel, termina siendo una pesada carga, en una condena. Comparación entendible e ineludible desde el talento que los une, aunque estéril e infructuosa desde personalidades que claramente los distancian. Messi es así, no es su personalidad ni su temperamento lo que lo ha distinguido, es su juego y su talento y por suerte lo tiene Argentina y estoy seguro que fue determinante para llegar donde llegamos y quizás también lo fue para no salir campeones, desde la expectativa que generaban sus antecedentes. Llevar la 10 en la espalda y la cinta de capitán no es para cualquiera, ni siquiera para un fenómeno como él, y no se le debe endilgar responsabilidad extra a su figura por haber generado involuntariamente en la gente expectativas superadoras respecto a su carácter. Messi fue uno más del grupo que alternó buenas y malas y que tuvo la coherencia de jugar como él lo siente. Si a cierto público eso no le alcanza, es problema de esa gente y no de Lionel. El siempre fue fiel a sí mismo, leal al grupo y franco y sincero en su mensaje. Digno de valorar y respetar. ¡Salud!
Eduardo Raúl Juárez Lozar