Martes 18 de Agosto de 2015
Era el día de la Inmaculada Concepción de María, en la Sacristía de la Iglesia de San Francisco de Asís en Turín, a la hora establecida, Don Bosco, joven sacerdote entonces, se revestía con los ornamentos para rezar la misa. En ese entonces escucho un fuerte alboroto y observó que el sacristán, viendo a un chico que estaba "sin hacer nada" lo llamó para que ayudara en la celebración, más cuando el muchacho le expresó que no sabía ayudar, el sacristán lo echó y lo corrió dándole golpes en la espalda con el palo de un plumero.
Era el 8 de diciembre de 1841 a la mañana, temprano. Don Bosco al ver semejante barbaridad intervino y le recriminó al sacristán su actitud. "¿Por qué le pegás de ese modo? ¿Qué ha hecho? El sacristán le dijo que era un vago y que solo estaba molestando. Don Bosco le dije que no lo eche, que "era su amigo", que lo vaya a buscar…
Después de la Santa Misa, Bartolomé Garelli, que así se llamaba ese muchacho le contó a Don Bosco que su papá y su mamá habían fallecido. Que no sabía leer ni escribir. Que no había recibido los sacramentos. Que no tenía donde vivir, que sus amigos se reían de él porque no sabía nada y que tenía miedo que el sacristán le siguiera pegando.
Es interesante observar en el texto de los biógrafos el interés de Don Bosco por poder comunicarse con este muchacho. A cada pregunta suya este pibe le responde en forma negativa, "no sé nada" repite hasta el cansancio. Hasta que finalmente Don Bosco le pregunta: "¿sabés silbar?" y claro Bartolomé Garelli sabía silbar. El chico sonrió, sí, sonrió, quizá por primera vez en muchos días. Siempre hay "algo", un conocimiento previo, un saber adquirido, en la escuela, en la calle, pero saber al fin. Siempre hay algo de donde tomarse y poder comenzar a establecer alguna relación.
¿Es poco o mucho saber silbar? Seguramente para cualquiera de nosotros saber silbar es realmente poco. Quien más quien menos sabe silbar. Mejor o peor, la mayoría de las personas saben silbar. Sin embargo, para Don Bosco esa fue la puerta de entrada al corazón de Bartolomé y desde allí comenzó la formidable aventura de ayudarlo a que él mismo se construyera persona de bien.
Cuántos pibes iguales a Bartolomé deambulan por las calles de nuestra ciudad. De nuestra provincia de nuestra patria. Cuántos pibes apaleados por algún adulto irascible, Cuántos pibes que no tienen mamá o papá o que sí lo tienen, pero están ausentes. Cuántos pibes que no saben leer ni escribir. Cuántos pibes en la calle, de la calle, en situación de calle, o echados a la calle.
Siempre digo que cuando encontramos a un chico en la calle seguro encontraremos algún adulto que abrió la puerta para que saliera o lo que es peor cerró la puerta para que no entrara. Y cuando digo "algún adulto" no me refiero a "alguien" en particular, sino a toda una generación de adultos dirigentes, de la política, las Iglesias, las familias, las organizaciones intermedias, etcétera, que les estamos dejando a nuestros pibes un mundo mucho peor del que recibimos de nuestros padres.
Don Bosco no lo reprende, no le dice que tiene que ser disciplinado y obediente, no le muestra las reglas que debe cumplir, no le enseña matemáticas o lengua... simplemente lo llama "amigo". Así le dice: "Amigo, ¿cómo te llamas?". Quiere saber "su nombre". Se aseguró de que ya no tenía que tener miedo a los palos del sacristán, lo miro a los ojos y le dijo amigo.
Así escribe Don Bosco recordando este día: "A este primer muchacho se unieron otros; durante aquel invierno me limité a algunos mayorcitos que necesitaban una catequesis especial y, sobre todo, a los que salían de las cárceles. Entonces palpé por mí mismo que si los jóvenes salidos de lugares de castigo encontraban una mano bienhechora que se preocupara de ellos, les asistiera en los días festivos, les buscara colocación con buenos patronos y les visitara durante la semana, estos jóvenes se daban a una vida honrada, olvidaban el pasado y resultaban, al fin, buenos cristianos y honrados ciudadanos".
La Iglesia, la Congregación Salesiana y todos los que de alguna u otra manera formamos parte de la familia salesiana y compartimos este carisma, celebramos en estos días el bicentenario del nacimiento de San Juan Bosco al que llamamos padre y amigo de los jóvenes justamente porque así llamo él a Bartolomé Garelli, y porque así a lo largo de tantos años los jóvenes, chicas y muchachos, en cualquier lugar del mundo, en tierras lejanas pero también acá nomás en cualquier rincón de nuestra ciudad, aún los que están solos, los que no tienen papá o mamá, los que no saben leer o escribir, los que están en la calle, los que padecen de algún tipo de adicción, los que han entrado al Irar o han salido de allí, los que no saben nada más que silbar….son llamados "amigos".
Bibliotecas enteras se han escrito acerca de Don Bosco, de su sistema educativo, de la pedagogía de la preventividad, de las obras y las misiones que se expandieron a lo largo y a lo ancho de todo el planeta empezando en nuestra Patagonia argentina. Sin embargo, creo que nada le agradaría más a Don Bosco seguir escuchando que sus muchachos lo siguen, hoy día llamando padre y amigo.