Domingo 15 de Febrero de 2015
Un micro radial en la década del 50, a cargo del periodista Juan Ferreyra Basso, comenzaba siempre con la frase: "Hay que saber mirar el otro lado de las cosas". Así de simple: todas las cosas tienen más de un costado. Menem está gagá, decía en una entrevista televisiva, la sufrida mamá de Carlitos junior. Aún sigue detrás de la nunca debidamente aclarada muerte de su hijo. Una luchadora a muerte. Pero en mi opinión el seudoémulo de Facundo, el otrora bautizado "Tigre de los Llanos", padecía de un síndrome de miopía mental. ¿Por qué digo esto? No tengo abuelas ni joyas, pero si tuviera solamente las últimas, por nada del mundo (salvo, comer o tratar de sanar a un hijo) las regalaría. A cuento de qué, de puro generoso creo que no. De ser así, el que padece de déficit mental soy yo o cualquiera que obre de la misma manera. Primero, el introito. Luego el alegato. Corría 1990 y el innombrable Bernardo Neustadt lanza una campaña inundada de verborragia en contra de los ferrocarriles. Dos millones de dólares diarios, alegaba el susodicho, constituían la pérdida de los ferrocarriles. Sí, el sistema era de terror, un siniestro que se pretendió extinguir con inflamables. La pérdida en cuestión fue obsequiada alegremente a los concesionarios, quienes debían mejorar el sistema. Hace días nomás, este diario publicó una nota que me causó alegría, pero tristeza y nostalgia a la vez, ya que quedé sepultado en el año 1992, con la caída de un imperio. Se estudia la incorporación de un recorrido de trenes locales, entre Rosario y Cañada de Gómez y viceversa. Un elenco de notables trata de imponer los argumentos de factibilidad del sistema. Un tristemente célebre ministro de Economía, titular de una desaparecida fábrica de cubiertas, puso su "granito" de arena para incorporar camiones y colectivos. Los resultados: a la vista. Otro, que fuera presidente de Ferrocarriles Argentinos, ingeniero él y propietario de una desaparecida y muy importante fundición de metales, no se conformó con derretir en los hornos, todos los motores de vehículos automotores provenientes de la Segunda Guerra Mundial, acabó literalmente con las locomotoras de tracción a vapor. Muy pocas se salvaron, y no se pueden exhibir en museo alguno. En Talleres Pérez restauraron una verdadera joya, pero parece que celosamente guardada. El certificado de pobreza, que se exhibe en las cercanías de Rosario Norte, la pilota de maniobras 557, emblemática por cierto, ha sido despojada de su alma o cerebro. Hoy "luce" su cascarón en una rampa. ¿Monumento a qué? Otra: el famoso Tren de Auxilio que está a merced del rigor del tiempo en Playas Patio Parada Rosario, oxidándose. Una verdadera pieza de museo que en Córdoba ya se hubiera explotado como postal; y ni hablemos de Italia. Los aledaños de la Estación Rosario Norte con el paso de los tranvías 2 y 7, el bar Los Colonos, con su escenario en altura, a un costado en el fondo del local, con la impecable Orquesta de Señoritas, los bares de Callao y avenida del Valle, el Panamericano, el Telarañas con Rita la Salvaje. Ah, y en la plataforma de la estación el antiguo reloj de pared, con un cuadrante inmaculadamente blanco y números romanos, de dos caras; y para no olvidarme: la inconfundible voz del anuncio de llegada y partida de los trenes a cargo de Robertito Trovatto o el "Negrito" Herrera, llamado así cariñosamente. Bueno, nostalgias afuera, realidades hoy que ojalá se cumplan.
DNI 6.004.403