Sábato, Borges y Rosario
En una conferencia que dio Jorge Luis Borges, invitado por el Círculo Médico (creo que fue en 1965), antes de que se despidiera, tuve la oportunidad de preguntarle cómo veía a Rosario...  

Sábado 20 de Julio de 2013

En una conferencia que dio Jorge Luis Borges, invitado por el Círculo Médico (creo que fue en 1965), antes de que se despidiera, tuve la oportunidad de preguntarle cómo veía a Rosario; me miró -es una forma de decir- y comentó algo balbuceante: “No la veo bien”. Supuse que era una crítica a la ciudad por su apatía cultural, pero posiblemente se refería al deterioro de su vista; me quedó la duda. En el mismo año, cuando vino a Rosario Ernesto Sábato, invitado por Carmelina de Castellanos y la revista Setecientosmonos, le pregunté sobre qué esperaba de Rosario y me dijo: “Que El Túnel sea un éxito”. Creí que mencionaba al que comienza en calle Sarmiento, donde se había proyectado una gran discoteca, pero es probable que se haya referido a su novela homónima, nunca lo sabré. Ninguno de los dos volverán a Rosario para aclarar mis dudas, ya que Sábato descansa en Santos Lugares desde el 2011 y Borges en Ginebra desde 1986; lo cual no es casual, ya que, por algún motivo de nuestras vidas, ciertas ciudades nos llaman para la siesta final. Con el recuerdo de su humildad, quiero evocar a Sábato con una frase simple: “Tu voz dramática, comentando El Túnel y Sobre Héroes y Tumbas aún resuena en Rosario; siempre tendremos presente tus convicciones y tu heroico Nunca más”. A don Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo (el grande), aunque no haya visto bien a Rosario, quiero recordarlo con unas líneas de respetuosa admiración: “Hoy me animo a escribir sobre usted por verlo hacedor de un Buenos Aires, con sus orillas y extraños laberintos, por mitos de ocurrentes fundaciones. Suelo imaginarlo ingenuo y erudito, conversando con malevos y chinitas para escribir sus milongas callejeras o nombrar eternos dones en poesía. Soñador incorregible entre anaqueles y con ceguera ante aquellos cabecitas, inventó su lucidez a la hora del relato combinando temas con datos e ironía. Escila ninfa y antílopes de seis patas, un rey de fuego, uroboros y valquirias, los seres imaginarios que agradecen habitar ahora una perpetua antología. Borges, a quien Chiclana cierta noche le dijo al toque, irreverente y compadrón: ¿qué es eso, Don, de morirse sin cuchillo reculando cobardemente hasta Ginebra?”. Actualmente estos dos memorables de la literatura duermen tranquilos en las ciudades que los hicieron felices, y está bien que así sea. Siguiendo este razonamiento, aunque Rosario no sea un santo lugar, ni se consuma mucha ginebra, siento que al estar entre mis venas y yo entre sus calles, me convoca para la siesta cotidiana y también para la final… por algo será.
Omar Pérez Cantón
operezcanton@hotmail.com