Rutas argentinas
El lunes 11 de febrero envié una carta al diario (publicada el 15), en la que hablaba sobre cómo nuestros gobernantes nos tratan de engañar diciendo que están colocando radares en las rutas y con eso van a parar los accidentes, porque según ellos se deben sólo a la alta velocidad.

Martes 19 de Febrero de 2013

El lunes 11 de febrero envié una carta al diario (publicada el 15), en la que hablaba sobre cómo nuestros gobernantes nos tratan de engañar diciendo que están colocando radares en las rutas y con eso van a parar los accidentes, porque según ellos se deben sólo a la alta velocidad. Allí mismo citaba el accidente de una moto en el que murió una piba de 23 años de General Lagos. Pero al día siguiente de enviar esa carta, una tragedia similar me tocó de cerca. Una colaboradora de mi empresa, Eugenia, de 30 años, falleció en un accidente de ruta en Entre Ríos por morder una banquina en mal estado cuando iba a 80 kilómetros por hora. ¿Con qué radar la podrían haber salvado? Ocurrió justo por una de las causales de accidentes que cité. En el año 2013 no puede ser que tengamos rutas angostas, sin banquinas asfaltadas y, para peor, sin mantenimiento. El resultado de esta inacción oficial está costando muchas vidas y no se trta de una estadística trucha como la del Indec, que es sólo eso. La gente se mata y se va a seguir matando si le seguimos cargando 800 mil vehículos por año, a una red vial destrozada, sin mejoras ni mantenimiento y en vías de un deterioro aún peor. La respuesta de los políticos suele ser: "No hay plata para obras". Y eso es mentira. Con un parque rodante de 10 millones de vehículos, que pagan un promedio de 2.000 pesos por año de patente cada uno, tenemos una recaudación de 20 mil millones de pesos. Un kilómetro de ruta nueva, en la nada, sale dos millones de pesos el kilómetro. Un repavimento, 80 mil el kilómetro. Es fácil sacar que se podrían hacer, usando ese total, unos 20 mil kilómetros de autopistas y 20 mil kilómetros de repavimentos anuales. Hasta aquí es plata que manejan las provincias. La Nación tiene la recaudación de porcentajes cargados a los combustibles precisamente para obras, cuyos datos no tengo, pero sería asimilable a las patentes, y los impuestos que gravan a los autos nuevos, que van desde el 10 por ciento al 25 por ciento, sin el IVA. Aquí son 800 mil autos por 100 mil pesos promedio, con un 15 por ciento de impuestos: son otros 12 mil millones de pesos. ¿Adónde va toda esa plata? A cualquier lado menos a las rutas, o a la seguridad de las mismas. Sueldos, subsidios, robos, fútbol, recitales, robos, empresas del Estado, entes innombrables, robos. Después salen a hablar de derechos humanos, de preservar la vida y tantas causas venerables que pasan a segundo plano frente a esto que pasa. Y que seguirá en aumento en nuestra red vial por falta de aplicación de recursos recaudados, a lo que corresponderían ser destinados. Mientras tanto, leemos titulares en los medios con la instalación de cuatro radares, operativos para el verano y policía caminera, entre otros. Con rutas buenas, a la altura de estos tiempos, no sería necesario nada de eso para que la gente no se siga matando como ocurre hoy.

Ricardo Castellani