Domingo 30 de Diciembre de 2012
El mayor país de la tierra está estos días paralizado: sólo lo imprescindible ocurre en los diez primeros días del nuevo año en Rusia, los "diez días de horror". Las oficinas públicas están cerradas, no se publica prensa, las fábricas dejan de producir y cientos de vagones de tren se abandonan en todo el país. Mientras, sociólogos y economistas advierten del peligro de muertes por alcohol y pérdidas millonarias. Sin embargo, en vez de acortar las vacaciones, el Kremlin las ha alargado en 2013.
La economía rusa pierde estos días sumas millonarias, mientras miles de rusos beben hasta morir. Sólo los bomberos y la policía están en situación de alerta, pues la experiencia dice que la cifra de incendios y de crímenes se multiplica estos días.
Cada vez más científicos y sociólogos piden que alguno de los festivos se traslade a otra época del año o incluso se suprima. Con un frío de hasta 30 grados centígrados bajo cero, sobre todo en los pueblos apartados la gente apenas tiene cosas que hacer.
"Después de tres o cuatro días se acaba el dinero y comienzan los problemas", advierte el psicólogo moscovita Serguei Kliuchnikov. En esta época, las autoridades registran más saqueos y violencia doméstica.
Cientos de millones de botellas de vodka, cava y cerveza son consumidos por los más de 140 millones de habitantes del país. Pero ningún político se atreve a adoptar medidas impopulares como al supresión de la locura festiva.
Y en 2013 no sólo a comienzos del año tendrán los rusos diez días libres del tirón. El puente entre el día de los trabajadores 1 de mayo y el día de la victoria sobre la Alemania nazi el día 9 del mismo mes volverá a desatar la fiesta colectiva.
En torno a un billón de rublos (unos 25.000 millones de euros) cuestan estas fiestas al producto interno ruso (PIB), según los economistas. "Un país en la posición 50 en cuanto a peso del PIB no puede permitirse vacaciones tan largas", dice el analista Igor Nikolayev al diario estatal Rossiyskaya Gazeta.
Pero los productores de alcohol y el sector turístico son quienes más se benefician. La clase media cada vez con más recursos pasa sus vacaciones en Turquía a o Tailandia, mientras la elite se marcha a o Davos, que se suele convertir en año nuevo en una especie de pequeño Moscú.