Ruidos molestos por protestas
Quienes vivimos cerca de Ovidio Lagos y San Lorenzo, desde hace más de un año estamos obligados a convivir al menos una vez a la semana con manifestaciones de protesta que diversos grupos de trabajadores y/o empleados realizan generalmente desde la mañana en la puerta de la Secretaría de Trabajo.

Jueves 20 de Agosto de 2009

Quienes vivimos cerca de Ovidio Lagos y San Lorenzo, desde hace más de un año estamos obligados a convivir al menos una vez a la semana con manifestaciones de protesta que diversos grupos de trabajadores y/o empleados realizan generalmente desde la mañana en la puerta de la Secretaría de Trabajo. No sólo se escuchan cánticos al compás generalmente de instrumentos de percusión de gran magnitud, sino que los trabajadores acompañan sus peticiones con bombas de estruendo que, como imaginarán, nos hace muy difícil la vida cotidiana, sobre todo a los que tenemos animales domésticos o bebés y niños (escucho llorar a mis vecinitos con cada explosión), o quienes tienen comercios en la zona (casi siempre vacíos por el terrible ruido desatado) o quienes trabajamos en nuestro hogar o quienes, solamente, tienen un rato para comer algo y el deseo de descansar 20 minutos entre trabajo y trabajo (porque nosotros también trabajamos). Pregunto: ¿por qué los que tiran bombas piensan que eso ayudaría a la negociación que se realiza dentro de la Secretaría? ¿Por qué los policías y/o agentes de la GUM o autoridades pertinentes, que siempre están presentes en el lugar, no hacen nada y miran cómo encienden las mechas de la pirotecnia, que no sólo nos dejan ensordecidos sino enfurecidos a todos los vecinos? ¿Después de lo ocurrido con la Facultad de Derecho no se aprendió nada? Insisto, ¿las autoridades no pueden tomar decisiones al respecto después de que la ciudad ha experimentado tal catástrofe? ¿Hay que esperar que ocurra algo similar con algún inmueble del lugar? Aclaro que apoyo toda manifestación de reclamo sindical que se precie, más en las épocas que corren, pero en el barrio estamos recontra hartos.

María Cecilia Morini,

mcmorini@gmail.com