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Ruidos de la interna socialista

Con una excepción que confirma la regla y que sube a la superficie lo que permanecía en el subsuelo: el socialismo santafesino también tiene sus internas.

Domingo 20 de Julio de 2014

El Mundial ya pasó, pero la política sigue en gateras. Con una excepción que confirma la regla y que sube a la superficie lo que permanecía en el subsuelo: el socialismo santafesino también tiene sus internas.

Los dichos del lunes del senador Rubén Giustiniani no hicieron otra cosa que blanquear un cuadro de situación novedoso en el Partido Socialista a la luz del notable crecimiento que experimentó la fuerza en los últimos años y que terminaron por consagrar un liderazgo uniforme en Hermes Binner.

En verdad, pese a que Miguel Lifschitz, Mónica Fein y otros dirigentes hayan salido a negar, casi escandalizados, que en la interna partidaria actúe como mantra "el dedo" de Binner, lo extraño sería que esto no fuese así.

Binner es desde hace dos décadas el gran elector del partido merced a sus dos gestiones en Rosario y a la posibilidad que le dio al socialismo de llegar a una gobernación por primera vez en la historia. Por lo demás, cada vez que no fue candidato logró traccionarles a quienes sí lo fueron la cantidad necesaria de votos para que puedan ganar elecciones o quedar a un tris.

Antes, ahora y después. Pasó, incluso, con el propio Giustiniani en 2009: cuando Binner salió a hacer campaña por él para la postulación a senador logró remontar la cuesta hasta casi empardar la votación con Carlos Reutemann, quien triunfó por una escasa fracción. Luego, el propio Giustiniani fue víctima del efecto Binner cuando Antonio Bonfatti lo derrotó en la interna tras arrancar la tarea proselitista con un 6 por ciento de intención de voto. Todo esto para decir que los aspirantes a gobernador, intendente, concejal o legislador provincial también recibirán en 2015 su aval y el de Bonfatti, quien también ha conseguido constituirse en una referencia importante.

Sin embargo, cerca del senador observan que la performance de Binner en las encuestas actuales no es la misma que hasta hace poco tiempo y, por eso, creen que es momento para auscultar futuros rasgos de la sucesión en el socialismo. "Se viene un recambio en la política santafesina por una simple cuestión etaria, demorará un poco más o un poco menos, pero será una realidad. Incluso, hoy, nadie gana por sí solo", apuntan.

En esa intención de partir en dos la lanza, Giustiniani abroqueló en un mismo campamento adversario a casi todo el socialismo (Lifschitz y Mónica Fein incluidos), al sostener que "ellos son el poder". Nadie nunca jamás habrá pensado adentro del PS que, en público, un dirigente utilizaría el pronombre personal de tercera persona del plural ("ellos") para referirse a otros compañeros. Pero, los tiempos han cambiado.

Desde el lado de Lifschitz y de Binner creen que la sorprendente aparición mediática del senador obedece a una táctica tan añeja como la política misma, de la que supo hacer escuela el mítico dirigente metalúrgico Augusto Timoteo Vandor: "Golpear primero, para negociar después".

Sostienen que Giustiniani ha perdido referencias propias en su sector, fundamentalmente con la salida de Eduardo Di Pollina, hoy cerca de Binner, y con la fuga de militantes y que la única chance que le queda al legislador es unificar voluntades con los sectores "de la universidad" de Rosario y de la ciudad de Santa Fe.

"Nosotros creemos que hay un 50 por ciento de posibilidades de que haya una interna en el Frente Progresista. No se arriesgue a asegurar competencia en las Paso, porque todavía falta mucho", previene un dirigente lifschizta.

Hasta antes de las aseveraciones de Giustiniani, la cúpula del socialismo había previsto un dispositivo de contención hacia el senador. El diputado Juan Carlos Zabalza inició conversaciones que el tiempo dirá si llegan a buen puerto.

Como se escribió en esta columna hace algunas semanas, Lifschitz trajina la provincia ya convertido en candidato a gobernador.

Al igual que en oportunidades anteriores, la decisión del radicalismo de ir a hacia una estrategia que evite fugas hacia la candidatura socialista encuentra algunas grietas.

La semana pasada el actual senador provincial recorrió la ciudad de Venado Tuerto de la mano de su par radical en la Cámara alta Lisandro Enrico, algo que llenó de bronca a otros dirigentes de la UCR. "No sólo pasa con los radicales, también los senadores peronistas me reciben muy bien en sus departamentos", comentó Lifschitz en la recorrida. A los senadores peronistas no les preocupa tanto la convivencia con los frenteprogresistas como sí les molestarían candidaturas alternativas de otros justicialistas y del PRO, por eso tienen redes hacia un acuerdo superador en la interna del PJ y no descartan incluir a Miguel Del Sel.

Lo que preocupa un poco más al binnerlifschitzmo coyuntural (permita el lector esta licencia idiomática) es la probable constitución de un polo alternativo adentro del Frente Progresista rosarino que agrupe a Giustiniani y a Pablo Javkin como candidatos a intendente en una especie de contrafrente, que incluiría a Miguel Zamarini, María Eugenia Schmuck, entre otros. Resta definir si Jorge Boasso reingresará a la coalición o si buscará otros horizontes. Propuestas no le faltan.

La coalición oficialista mira de reojo lo que sucede en la oposición, ámbito en el que aún las aguas no bajan cristalinas. Habrá que esperar para saber si el PJ logra un acuerdo político interno lo suficientemente amplio como para dirimir en las Paso una candidatura. Por ahora los nombres de Roberto Sukerman, Osvaldo Miatello y Eduardo Toniolli son los que estarían dispuestos a dar batalla. Hacia comienzos de 2015 definirá Héctor Cavallero si vuelve a presentarse como aliado del peronismo.

La idea de Miatello de incorporar al PRO a las Paso rosarinas encontró resistencias en Toniolli, secretario general del PJ local. ¿Implicará esto que Miatello se mantenga en el redil partidario o buscará una alianza con el macrismo que, hoy por hoy, no tiene candidato definido a la Intendencia?

Se escribió aquí —antes de la explosión mediática de la que usufructúa el volante de la Selección— que el PJ santafesino necesitaba de un Mascherano, de un ordenador de la multitud de variantes dispersas. Ese requisito también tiene su razón en Rosario, donde la crisis del peronismo viene desde hace tiempo y allá lejos: la última victoria fue en 1973.

Al margen de nombres y apellidos que querrán quedar estampados en las boletas electorales, la agenda santafesina, y rosarina en particular, demandará hombres y mujeres probos a la hora de ofertar candidaturas por imperio de la pulimentada realidad y de la instalación como demanda de cuestiones vinculadas a la seguridad.

La llegada de las fuerzas federales llevó algo de tranquilidad a los barrios más perforados por el narcotráfico pero no ceden los episodios de inseguridad vinculados a la cotidianeidad, ni en los barrios ni en las zonas más céntricas.

Al fin, la sociedad tendrá un motivo central para tildar en la boleta única a quienes tengan respuestas a mano, y no sólo promesas de ocasión.

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