Rucci: el barrio que se transforma y colapsa de fieles cada Viernes Santo
La convocante figura del padre Ignacio atrae a gente de todas las latitudes. Comerciantes y changarines también hacen su día.

Sábado 04 de Abril de 2015

Las actividades que se llevaron adelante desde la madrugada en la Iglesia Natividad del Señor marcaron el comienzo del día en barrio Rucci. Con tres décadas de historia, el Vía Crucis sigue convocando a miles de fieles de todas partes del país en combis y colectivos, que llegan durante la tarde tras largas horas de viaje. Vendedores de estampas y objetos religiosos se instalan como cada año desde temprano, y a medida que avanza el día van ocupando todos los espacios de las serpenteantes calles del barrio, casi como en un ritual. Igual que las pilas enormes de bidones que se irán de allí cargados de agua bendita. Y el paso lento hacia la iglesia de los fieles que prefieren evitar la masividad de la tarde, y que a lo largo de la mañana y "a la siesta" llegan para venerar al Cristo yacente sobre el altar, cubierto con un manto púrpura. Todo eso sucede de cara al momento cúlmine del Viernes Santo: el inicio de la peregrinación con Ignacio Peries a la cabeza.

El día había amanecido más primaveral que otoñal. Y muchos vecinos se dispusieron a descansar en el feriado. "Vino mucha gente esta mañana, estaba lleno ya a la madrugada", contó Luis, un vecino de los monoblocks, sentado debajo de un árbol con sus dos hijos. Hacía referencia a una de las actividades que se realizaron a lo largo de toda la madrugada en la iglesia y precedieron al Viernes Santo.

Los quioscos y pequeños locales del barrio "madrugaron" con los carteles que ofrecían café, agua caliente, sándwiches para los fieles que cada año extienden hasta pasado el mediodía su llegada. También los vendedores ambulantes se instalaron temprano con carritos de los que cuelgan rosarios, denarios, estampas e imágenes que van desde el Padre Ignacio hasta el Gauchito Gil.

Así, las horas previas al mediodía fueron sobre todo de los fieles que prefieren evitar la convocatoria masiva y se acercan a la iglesia, que permanece con todas sus imágenes de santos y vírgenes cubiertas con lienzos color púrpura. Algunos mantienen la "ilusión", según ellos mismos confiesan, de encontrarse con el sacerdote. Y aunque no se lo ve por allí, dicen irse "igualmente gratificados" del lugar.

La salud, el trabajo, los hijos y, lo que Carmen llamó, "las cosas que de verdad importan" son las que movilizan los pedidos y agradecimientos de los fieles. Y la figura del Ignacio, que sigue siendo como un imán para los creyentes que llegan desde el norte, el centro y sur del país para verlo, y viajan hasta más de 12 horas para estar en el Viernes Santo de barrio Rucci.

Una pareja con tres hijas, que vive a pocas cuadras de la iglesia, pasó por la parroquia del barrio para comenzar a hacer la ceremonia de la siete iglesias. "Esta es la primera vez que venimos, aunque es la que más cerca tenemos", confesaron.

También María Cristina, de 55 años, era la primera vez que llegaba hasta la parroquia. Es devota del sacerdote, pero recién este año, que se mudó desde su casita en la zona sur a la llamada Zona Cero, pudo acercarse. "Desde allá me era muy difícil llegar", contó la mujer que tiene 7 hijos, uno fallecido, y que sobrevive vendiendo ropa.

Los que tuvieron que viajar comenzaron a llegar recién pasado el mediodía. Lidia Polanco ya conoce la Iglesia Natividad del Señor, pero ayer fue su primera vez en el Vía Crucis y eso la emocionaba. "Hoy es especial", dijo recién bajada de la combi, con una valija y un bidón en la mano, antes de hacer la fila para obtener un poco de agua.

Las escenas son similares cada año, pero siempre tiene nuevos protagonistas; o la mirada nueva de quienes ya participaron alguna vez pero llegan con otra intención, otro pedido o un nuevo agradecimiento.

De Jujuy a Rosario con la ilusión de ver a Ignacio

Reinaldo Avilés viene seguido a Rosario desde Salvador de Jujuy. Tiene hermanos y primos en la ciudad, e incluso su mamá vivió y murió acá, pero ayer fue la primera vez que se acercó a la Iglesia Natividad del Señor con su esposa Amelia. "Me resistí bastante, pero ahora me trajo un tema de salud que es importante", dijo el hombre sin dar más detalles, mientras se sentaba en el tapial del ingreso a la capilla.

El testimonio de un compañero de trabajo que "estaba enfermo, muy mal y que ahora se recuperó", fue lo que terminó de convencerlo de visitar la capilla de barrio Rucci.

"Sabemos y escuchamos por los medios nacionales lo que es el padre y que es reconocido en todo el país, pero lo que me contó mi compañero fue lo que me convenció. Me dijo que me iba a ayudar y la verdad es que ya el hecho de haber estado en la iglesia me reconfortó mucho", afirmó el hombre, de 67 años y padre de un hijo.

Además, confesó haber tenido "la ilusión, o la desesperación" de encontrarse con el sacerdote en su visita a la capilla.

Reinaldo hace el trayecto que separa Jujuy de Rosario por lo menos una vez al año, y planea estar nuevamente por barrio Rucci el año próximo.

"Tengo fe que voy a estar bien y que voy a volver, pero ya no para pedir, sino para agradecer", se adelantó, lleno de esperanza. La misma que tienen los miles de fieles que cada Viernes Santo llegan hasta barrio Rucci atraídos por la figura de Ignacio.

Un invasivo tumor que desapareció

Vilma Salinas es de Córdoba y fue de las primeras en llegar ayer a la parroquia del Padre Ignacio. Cuenta su historia a todo el que se la pregunta, da su “testimonio de vida” —como ella dice—, y cada vez que lo repite se le llenan los ojos de lágrimas. Su experiencia no tiene aún un año.
     “Fue en mayo del año pasado, cuando mi hermano, que es una persona de mucha fe, me preguntó si quería venir y me trajo en auto a participar de la bendición que el sacerdote da a los enfermos”, contó Vilma y agregó: “Yo estaba clínicamente desahuciada, me habían diagnosticado un tumor en el páncreas, que también había comprometido el bazo y una arteria principal, y los médicos sólo me decían que tenía que esperar los síntomas finales de la enfermedad”.
      Un día, después del salir del hospital en la capital mediterránea y con su familia “pidiendo por un milagro”, una cuñada hizo las averiguaciones necesarias y el 11 de mayo Vilma viajó a Rosario y participó de una de las bendiciones de Ignacio. “Dos días después me vuelven a internar y a la semana me operan para ver la posibilidad de sacar el tumor, pero resulta que no encontraron nada. Volvieron a hacer estudios y lo que había, ya no estaba”, contó entre lágrimas.
       Por eso, ayer volvió a viajar a Rosario y le contó su testimonio a quien quisiera escucharlo. “Vine con mis estudios médicos, con la firma de los cirujanos que me operaron y los médicos oncólogos, y a contar lo que me había pasado, porque hace menos de un año me propuse estar acá en Viernes Santo y estoy; quería venir y arrodillarme frente a Dios para agradecer, y acá estoy”.