Edición Impresa

Rucci aseguró que "Mariotto tiene una actitud golpista, fue puesto para eso"

Claudia Rucci, diputada nacional por el PJ disidente, tiene toda una historia ligada a la CGT. Su padre, José Ignacio Rucci, fue secretario general desde 1970 hasta 1975, cuando fue asesinado por Montoneros.

Domingo 15 de Julio de 2012

Claudia Rucci, diputada nacional por el PJ disidente, tiene toda una historia ligada a la CGT. Su padre, José Ignacio Rucci, fue secretario general desde 1970 hasta el 25 de septiembre de 1975, día en que fue asesinado a balazos por Montoneros. Las vueltas de la vida encuentran de nuevo a esta mujer, que supo trabajar de actriz en varias telenovelas durante los 80, con un episodio trascendente en la central sindical, ya no en clave de tragedia: acaba de asistir al acto de reasunción de Hugo Moyano y se la escucha algo eufórica desde el teléfono cuando atiende a La Capital desde su despacho en el Congreso. “Había un clima de fiesta, fue un día histórico”, dice.

   —¿Creés que es definitiva la fractura de la CGT de Moyano con el gobierno?

   —Hay una decisión tomada del gobierno en no dialogar, de encerrarse cada vez más en sí mismo. No le pasa a Hugo solamente. Todo aquel que tenga una propuesta distinta se convierte inmediatamente en enemigo y se acaba el diálogo. Pero esta CGT, sobre todo con Hugo Moyano, no va a dejar de pelear por los derechos adquiridos de los trabajadores.

   —¿Pensás que al gobierno le conviene la dispersión sindical o lo va a perjudicar en un escenario futuro?

   —Lo va a perjudicar. Esta actitud mesiánica de la presidenta de querer ser el eje y el centro de todo, hace que esté cometiendo errores políticos. Dividir nunca suma. Ella tendría que haber llamado al diálogo, consensuar. Yo percibo la política desde ese lugar y es lo que trata de llevar a la práctica en el Congreso.

   —A juzgar por los resultados electorales, tan mal no le va al gobierno con este tipo de práctica política...

   —Pero esto se fue acrecentando con el tiempo. Cuando ganó con el 54 por ciento de los votos, dije «si esta mujer llama al diálogo y a la unidad nacional, la historia va a ser otra». Estaba convencida que inteligentemente lo iba a hacer y sin embargo hizo todo lo contrario. Cada vez redobla más a la apuesta.

   —¿Cómo está la relación del peronismo disidente con el gobernador Scioli?

   —Nunca estuvo mal. Scioli es una persona de diálogo. Para mí gusto le faltan otras cosas, pero es un político con el que se puede sentar a hablar. Lo demostró en la Legislatura de la provincia de Buenos Aires. Antes de que llegaran Mariotto y La Cámpora, se trabajaba muy bien en ese ámbito parlamentario.

   —¿Qué cosas le faltarían a Scioli para tu gusto?

   —No sé, a veces me da bronca que no responda a los ataques. Pero debo reconocer que con esa actitud no le está yendo mal porque tiene una imagen bárbara, superior a la que tiene la presidenta. Lo terrible de la situación de Scioli es la gente que está en el medio del sándwich. Daniel cometió el error de decir que tenía aspiraciones presidenciales y lo salieron a matar.

   —¿El fondo de la pelea es esa o pasa por otro lado?

   —Estoy convencida que es esa. Si hay un sucesor lo va a elegir ella y no va a permitir que nadie lo sea. Pero han hecho un trabajo tan personalista que ni siquiera un sucesor tienen. Tampoco quieren dejar crecer a quienes quieren ser. Es una actitud terrible.

   —Hay quienes sostienen que con su actitud, Mariotto desagravia lo que fue Cobos con Cristina.

   —Es que al lado de Mariotto, Cobos quedó como un bebé de pecho. Tiene una actitud golpista y para eso lo han puesto. El error de Daniel es que aceptó esas condiciones.

   —Siempre que hubo un problema denso dentro del peronismo en la provincia de Buenos Aires por el tema de la sucesión, terminó perjudicando al partido en el poder....

   —Esto es lo que la presidenta no puede ver. Ella no puede entender que todo lo que comienza en la provincia (de Buenos Aires) termina en la Plaza de Mayo. Pero están en un grado de encierro y necedad que ni siquiera pueden ver eso. Incluso, las encuestas lo dicen: la gente le echa la culpa a la Nación y no a la provincia por la dificultades. La presidenta está jugando con fuego y en el medio están los trabajadores que no pueden cobrar su aguinaldo, la falta de presupuesto, la seguridad...

   —¿Van a hacer una alianza política con Scioli a partir de su situación con el gobierno?

   —Nosotros pensamos que no es el momento para hablar de candidaturas, faltan tres años. Tampoco nos enojamos con aquel que quiere serlo. Pero falta mucho y esto es la Argentina, donde todo puede cambiar de una semana para la otra.

   —Pero hay una elección intermedia, que es la legislativa, que puede marcar cierta tendencia.

   —Para que el Congreso comience a funcionar tenemos que sacarle la mayoría al kirchnerismo. El Parlamento está totalmente paralizado y sólo se tratan los proyectos que vienen del Ejecutivo. Ni siquiera el bloque oficialista tiene iniciativas. Entonces vamos a hacer un gran esfuerzo para que en las legislativas podamos arrebatarle la mayoría, además de ser el puntapié inicial para que alguien sea presidente en el 2015.

   —Esa experiencia, con el famoso Grupo A, no fue muy fructífera para la oposición.

   —No, pero ahora hay otras condiciones. Me parece que hoy sí el kirchnerismo está debilitado, por eso los peronistas no kirchneristas tenemos que hacer un gran trabajo para unirnos y competir con una lista.

   —Usted ingresó a la política en el 2001 e incluso compartió la primera etapa del gobierno de Néstor Kirchner. ¿Tiene trato ahora con algunos kirchneristas?

   —Hablo con ellos de proyectos, pero nada más. Cuando llegué a trabajar en la secretaría general de la Presidencia, con Carlos Kunkel, no militaba en política, sino que hacía un trabajo administrativo. Al poco tiempo me fui de la Casa de Gobierno y empecé a trabajar en el sindicato de la Uatre, con Gerónimo Venegas, y ahí sí comencé a militar.

   —¿Es verdad que la llamó Kirchner para saber por qué se había ido?

   —En realidad nunca me llamó para saber por qué me había ido porque nunca se enteró de que yo estuve. Kirchner llamó a Venegas para decirle que quería hablar conmigo. Me quería ofrecer trabajar en la Casa de Gobierno ya no como administrativa. Yo le dije que estaba trabajando con el Momo. En ese momento era el mismo proyecto. Yo comencé a trabajar en Uatre, pero al poquito tiempo me fui a la CGT, que para mí era muy importante afectivamente.

   —¿No habías entrado nunca más a la CGT luego del asesinato de tu padre?

   —No, nunca más. Volví en 2004, cuando asumió Hugo (Moyano).

   —¿Cómo fueron tus sensaciones al volver entrar a la CGT?

   —De emociones encontradas. Ir al quinto piso, donde estaba la oficina de mi padre, o al sexto, donde había un departamentito. Fue como una película porque me veía recorriendo esos pasillos, porque yo usaba a la CGT como un parque de diversiones. Fue duro y bueno a la vez, porque sentí que desde algún lugar podía seguir mi historia.

   —¿Cómo fue trabajar al lado de funcionarios o políticos que aún hoy no tienen una buena opinión de su padre?

   —Yo hice un gran esfuerzo para asumir la historia. Cuando mataron a mi padre, yo tenía 9 años. Mi vieja hizo un gran trabajo conmigo y con mi hermano. Desde lo personal, pude transformar la bronca en otra cosa. Los argentinos tenemos que dejar de lado los odios y rencores, porque ya somos todos adultos. Hay que hablar de verdad, como hace Pepe Mujica, que ahora llama a la unidad nacional y admitió haberse equivocado. Dentro de este gobierno, hay mucha gente que ha participado, escuchado o ha sido cómplice del asesinato de José Ignacio Rucci en democracia. Entonces, ¿qué van a reivindicar?. Para ellos lo mejor no hablar de Rucci.

   —¿Cómo esta la causa sobre el asesinato de tu padre, que se reabrió a partir del libro de Ceferino Reato?

   —Sigue parada, no ha habido avances. Yo quiero saber la verdad, sobre todo por mi madre. También para los argentinos sería importante saber qué pasó.

¿Te gustó la nota?

Dejá tu comentario