Lunes 21 de Septiembre de 2009
Hay momentos en la vida que son únicos, y el que me tocó vivir el pasado sábado 12 de septiembre en Coronel Moldes, Salta, fue uno de ellos. En medio de ese bello paisaje de nuestro país, se conmemoró nada menos que los 50 años de Zamba Quipildor junto a la Misa Criolla, de Ariel Ramírez. Zamba Quipildor y La Misa Criolla son dos elementos que marchan juntos en el imaginario colectivo. No se puede hablar de uno sin el otro, como si fuesen dos piezas de relojería que encajan con un sincronismo majestuoso. Aunque, claro, lejos de la frialdad de un aparato mecánico, aquí hablamos de una simbiosis del sentimiento y de la música más genuina, que ya recorrió el mundo. Rosario fue protagonista en aquella noche salteña. Quipildor me invitó a subir al escenario del predio ferroviario de Coronel Moldes como una suerte de retribución. Es que justamente en Rosario la Misa Criolla se representó 14 veces, y eso la convierte en la ciudad en donde más veces se ejecutó esta obra en todo el mundo. La Misa Criolla fue de Rusia a Israel, de Alemania a Japón, de Canadá a Inglaterra, de Estados Unidos a Chile, de Costa Rica a Senegal. Y ahora, como si fuera poco, fue invitada para presentarse en la próxima Semana Santa nada menos que en el Vaticano. El próximo 25 de diciembre la Misa Criolla volverá a lucirse en la ciudad que se levanta a orillas del Paraná, y Zamba Quipildor, una vez más, demostrará por qué es irreemplazable en esta obra que atraviesa barreras temporales e ideológicas y siempre apunta al corazón.
Marcos Abiad, DNI 7.121.159