Jueves 08 de Diciembre de 2011
A medida de que la primavera avanza esta ciudad se está llenando de colores y paseos cada día más apetecibles. A sabiendas de que el rosarino promedio adora la costumbre de la queja por la queja misma hoy quería proponer todo lo contrario; quería que nos detengamos a pensar dos minutos en todo lo bueno que tiene nuestra ciudad para ofrecer y para que nosotros mismos nos sintamos cada vez más orgullosos de ser rosarinos.
El invierno pasado dos arquitectas rosarinas nos regalaron la posibilidad de sentarnos en pleno paseo ribereño y compartir un mate entre amigos en las mesitas que se encuentran en Presidente Roca y el río. Estas mesas y bancos ya estaban desde hace tiempo, pero estas docentes junto con un grupo de alumnos supieron darle color, darle vida, dejando atrás el cemento y revistiéndolas con su mejor traje de fiesta. Por ser paseandera y curiosa me tocó presenciar este arte, en plena ejecución de la obra, donde las docentes me comentaron que estaban llevando adelante cursos de mosaico veneciano y ese era su trabajo final al curso cuatrimestral que habían comenzado en marzo, su aporte a la ciudad. Les escribo porque este arte que llegó para quedarse sigue dejando su huella, muy cerquita de las mesas y bancos decorados con venecitas fueron revestidos e inaugurados ocho pretiles con los más ocurrentes diseños y figuras que resaltan algo que hasta entonces pasaba inadvertido. Pocas personas tienen la oportunidad de dejar su impronta para la posteridad, entre ellos se destaca la labor de arquitectos y artistas como las docentes Lis Molina y Vanesa Galdeano que comparten ambas profesiones y una misma pasión, el mosaico veneciano.
Liza Glikman