Rosario siempre está
A una semana de la catástrofe, porque de otra manera no se lo puede llamar, se seguían removiendo escombros, trabajando a destajo para encontrar a las últimas víctimas, cuando sucedió lo...

Jueves 15 de Agosto de 2013

A una semana de la catástrofe, porque de otra manera no se lo puede llamar, se seguían removiendo escombros, trabajando a destajo para encontrar a las últimas víctimas, cuando sucedió lo esperado (o inesperado): el hallazgo de los dos cuerpos restantes de Santiago y Luisina. Eran los dos últimos cuerpos para completar la nómina de 21 entre muertos y ausentes. Rescatistas y familiares encontraron el espacio que aún transitaba la incertidumbre. Se concluía una tarea ardua y estructurada que llegó a su fin. No hubo en toda la ciudad retina que pudiera contener lágrimas, tristeza y desazón pero con el cometido de haber llegado a cumplir con la tarea que habían venido a realizar. No existen las palabras para contar lo que se vivió el pasado lunes cuando bomberos, rescatistas, médicos, paramédicos, gendarmes, policías, voluntarios y vecinos escuchaban las palabras del gobernador para agradecer la capacidad con que se habían desarrollado las tareas de rescate; que además estuvo muy a la altura de las circunstancias y donde sin miramientos se unieron fuerzas tanto provinciales como nacionales y municipales para trabajar coordinadamente en medio de este desastre. Todo esto es más que estremecedor, es un hito en la historia de nuestra ciudad, donde nos marca un camino a seguir. El agradecimiento de todos los bomberos y rescatistas hacia los vecinos y voluntarios por haber recibido tanta atención fue realmente para que todos los rosarinos estemos orgullosos de quiénes somos y para qué estamos. Un bombero rescatista de Firmat, con 36 años en cumplimiento en sus funciones lagrimeaba sin cesar, las emociones fueron el punto final a un duro trabajo que llevó casi siete días ininterrumpidos de trabajo, tanto para rescatar a las víctimas como para ordenar los espacios del derrumbe, y esto no fuera más crítico todavía. Hoy Rosario está en un punto de inflexión, donde quienes habitamos esta ciudad hemos visto como se puede trabajar en conjunto para un fin determinado, cómo podemos ser solidarios sin miramientos sociales ni políticos. Ahora nos queda de todo este sufrimiento vivido pensar que las almas de todos aquellos que se fueron nos estarán acompañando para seguir adelante, y que debemos estar más unidos que nunca por respeto a ellos. Nos espera un largo camino, esta ciudad tiene un futuro invalorable, hagamos honor a ello.

Guillermo V. Ferreyra