Domingo 03 de Noviembre de 2013
Las fotos que el lector puede apreciar en esta página son un llamado a la memoria, para recordar a alguien que está totalmente olvidado, como es el caso de Miguel Saravia (31 de marzo de 1943-25 de mayo de 1989) y otra que siempre estuvo presente en una dimensión que abarcaba distintos aspectos de su hacer. Nos referimos a Leonardo Favio (28 de mayo de 1938-5 de noviembre de 2012) conocido sobre todo por su obra cinematográfica, en la cual reflejaba con absoluta claridad su ideología y además gozó de una gran popularidad como cantante. Recordemos muchos de sus gestos durante los días no esclarecidos todavía de lo que pasó en la masacre de Ezeiza. Nunca se supo cuántos muertos hubo ese 20 de junio de 1973, aunque suelen darse algunas cifras estimativas.
Las fotos, en que están Saravia y Favio, son de 1969 o 1970. Fueron tomadas en el estudio de Canal 3, cuando estaba ubicado en la calle San Lorenzo casi esquina Boulevard. Era la época en que Favio venia con frecuencia a Rosario a cantar y Saravia era alguien que parecía querer lo suficiente a Rosario, pues venía casi semanalmente.
Hasta hace un tiempo ni siquiera figuraba en internet, supongo aunque no pueda asegurarlo, que nunca ha sido reeditado un disco suyo en CD, lo que pudo hacerse teniendo en cuenta que editó 14 long-play, todos ellos los tenía pero se fueron perdiendo en mi laberíntica vida.
La foto que se ve, se tomó el día en que me dijo que ya no podía seguir con el tren de vida que llevaba, pues se estaba tomando una botella de whisky por noche. Saltaba de festival a festival, de invitación a invitación, en una ciudad a quien había conquistado de buena ley.
Cuando murió, en el diario El Tribuno, de Salta, alguien escribió con la firma de Rodrigo Alcorta las siguientes líneas: "A los cuarenta y seis años, víctima de un cáncer pulmonar, murió aquí Miguel Saravia, compositor e intérprete autor —entre muchos otros temas— de «Tierra salteña», que escaló a la fama de la mano de un estilo personal que trascendió su inicial folclorismo tradicional para incursionar en un estilo que estuvo signado por influencias tan variadas como la de Vinicius de Moraes, Astor Piazzolla, el Mono Villegas o Joao Gilberto. Saravia, que se desempeñaba como director de una de las comisiones del Senado de la Nación, deja esposa, un hijo varón, 14 long-play y una cantidad de amigos que cosechó desde su calidez, simpatía y afectuosidad".
Entre 1962 y 1964 Miguel Saravia creció en su carrera, de esos tres años iniciales son aciertos "A tu ausencia" ("El viento quiso traerte hasta la noche enamorada..."); "La Cerrilleña" ("Vuelvo otra vez a verte/ después de una larga ausencia...,") o "Bagualero soy".
En la sesión "Perfiles", del mismo diario, rescatamos una entrevista a Saravia con un sabor de injusto olvido en Salta, tierra que añoraba y amaba a lo lejos, pues nunca pudo hacerlo como profesional, allí dice: "Creo que en un momento llegué a ser un insulto para mucha gente por la libertad que me tomé en proyectar la música nuestra, sobre todo una música con una raigambre tan antigua como la del Noroeste argentino. Mirá, mi hijo Jerónimo, que tiene 18 años, es la décima tercera generación de criollos. Lo digo con orgullo, sin patrioterismos. Porque hay algunos que se llenan la boca de argentinismo y quieren enseñarnos amor a un país donde tenemos mucha sangre de nuestros antepasados. Quizá por aquello que hay quienes se jactan de lo que carecen. Me siento no un desertor sino alguien que busca mantener con vida y mejorar lo heredado".
El gran Leonardo Favio. Recordemos ahora a Favio, con quien trabé una cierta amistad, aunque fuera por unos días. La foto, tomada en el escenario de lo que ahora es el Teatro Mateo Booz, corresponde a un ciclo de programas que conducía Bernardo Neustadt, gracias a uno de los productores del canal que se llamaba Moisés Gutermann, un tipo de verdadera sabiduría y conocedor profundo del mundo de la televisión.
Lamentablemente se tuvo que ir de Rosario, no recuerdo con exactitud la edad en que murió pero sí los programas que hice para él en el Canal 3. Fui el conductor con Gutermann de "De 12 a 14" y además me designó como ladero de Neustadt. La foto corresponde a uno de los programas que se grababan el día anterior a que salieran al aire. Para esa jornada, ocurrió algo que me quedó marcado y que voy a contar sin que se vea en esto ninguna mala intención. Ese día teníamos que hacer dos grabaciones, uno de los invitados era Leonardo Favio, la otra era María Elena Walsh. Con motivo de que había trascendido esta visita, la sala del Mateo Booz estaba llena, sobre todo de adolescentes. Cuando María Elena llegó ya estábamos grabando con Favio, por lo cual María Elena, tan dulce como la conocíamos todos, tuvo una escena con Neustadt en donde actuó como un carrero con el perdón de los carreros. Neustadt estuvo como un señor, dijo que lamentaba el mal entendido, y que se fuera si así lo sentía, entonces fue cuando Favio, sonriente y sin ningún enojo, le dijo a Neustadt que él la reemplazaba en el programa que debíamos hacer y así fue.
El llanto de las adolescentes, por lo menos de algunas, por la actitud de María Elena, debió ser calmado y tratar de explicar la forma en que ella actuaba en esos casos. No recuerdo el nombre del resto de los participantes del programa, no quiero citarlos para evitar equivocaciones. Hasta aquí, las memorias de esos dos hechos, cuarenta años atrás, me parecen de interés para los rosarinos que queremos a esta ciudad.