¿Rosa, celeste o lila?
Para tener hijos, no es necesario superar un examen de madurez psicológica (aunque debería serlo). Cuando los progenitores aún no son adultos seguros frente a sus propias emociones, crían al hijo desde una posición de carencia.

Miércoles 02 de Octubre de 2013

Para tener hijos, no es necesario superar un examen de madurez psicológica (aunque debería serlo). Cuando los progenitores aún no son adultos seguros frente a sus propias emociones, crían al hijo desde una posición de carencia. Dar vida a alguien es responsabilidad directa de los padres, pero de desarrollarse emocionalmente, se hace cargo uno mismo. Cuando era pequeña, tenía un amiguito más pequeño y yo era la “creativa de los juegos” (como buena mujer en potencia, le dictaba a mi amigo a qué teníamos que jugar). Recuerdo que mis padres obedeciendo mis caprichos me compraron un disfraz de cowboy con antifaz, sombrero, (e inocentes ellos, cosa que evité con mis hijos: dos pistolas) y la escoba era mi caballo “Silver”. Por supuesto, no podían faltar el antifaz y la placa de sheriff (para tener más poder del que tenía). No por eso mis padres salieron corriendo a cambiarme mi nombre por el de “Llanero solitario” (que era la serie que yo copiaba) ¿A qué viene esta introducción? Leí en La Capital del día 26 de septiembre que una madre le escribe una carta a la presidente y al gobernador pidiendo un cambio de identidad para su hijo, uno de los mellizos varones “para que se reconozca la identidad de género que ya tiene el nene/a). No me parece mal que se respeten sus gustos de querer ser nena con su vestimenta, pero de allí a cambiar su identidad a un niño de 6 años me parece que sin ser psicóloga la madre está para el Borda y las terapeutas que la acompañan también. Hay un conocido chiste de que “lo llaman de mañana Mario y de noche María” (y no es necesario el DNI). El nene puede tener sus gustos e inclinaciones, pero ¿tiene la madurez para definir ya su vida? No es extraño que le guste ser “nena trans” si en TV ve a un exitoso chocolatero de labios siliconados y rimmel. Ahora, mover toda una burocracia para cambiar el nombre, ¿no condiciona de alguna manera su posible cambio en la madurez, o quizás cuando se aburra de su juego? No me parece mal que con un crecimiento emocional a determinada edad cada quien defina su identidad sexual, pero como no soy psicoterapeuta, con mi ignorancia en el tema, le pregunto a algún profesional serio: ¿es lógico que a los seis años alguien pueda ya tener definición sobre su inclinación sexual?

Silvia Buonamico