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Rompen una puerta, sorprenden a un nene durmiendo y saquean una casa

Un matrimonio llevó a su hija que salía de viaje de estudios y los ladrones aprovecharon el momento para entrar a robar en su casa de Corrientes al 3000.

Jueves 30 de Octubre de 2014

Un grupo de jóvenes delincuentes irrumpió ayer a la madrugada en una vivienda de zona sur tras destrozar la puerta del garaje y aprovechando que los dueños de casa habían salido para llevar a una hija a un viaje de estudios. Dentro de la vivienda quedó durmiendo otro hijo de la pareja, de 13 años, a quien amenazaron para que les revelara dónde guardaban dinero sus padres.

Los hampones, al menos cuatro, se llevaron una escasa cantidad de dinero en efectivo y varios electrodomésticos, desde un televisor de 42 pulgadas hasta una aspiradora. "Tengo libros carísimos que ni se les ocurrió tocar. Evidentemente estos chicos le dan valor a lo tecnológico, que es por donde parece pasar hoy la abundancia", reflexionó Gustavo, un docente de 44 años dueño de la casa asaltada.

Pibes. El hecho ocurrió ayer, minutos después de las 3.30, cuando Gustavo y su mujer salieron de su casa de Corrientes al 3000 para llevar a su hija a un viaje de estudios de cuarto grado.

"Le avisamos al nene de 13 años que íbamos a llevar a su hermana y él siguió durmiendo. Al salir vi unos pibitos de 10 u 11 años en la esquina, me saludaron porque vivo hace 25 años acá y todos me conocen. Igualmente me dio mala espina porque eran muy chiquitos para estar en la calle a esa hora, pero últimamente pasan cosas feas en el barrio", relató Gustavo, para quien "el error fue dejar las luces apagadas, porque así creyeron que no había nadie".

Una hora después, cuando se aprestaba a volver a su casa, el docente recibió un llamado de su hermano. "Me dijo que el nene estaba bien, que no me preocupara, pero que habían entrado a robar y me iba a encontrar con la puerta rota y un par de patrulleros", recordó.

Cuando llegó a su casa, Gustavo se encontró con su hijo de 13 años sumido en un ataque de nervios. El chico le relató lo que había pasado cuando cuatro ladrones, de unos 20 años y encapuchados, lo sorprendieron mientras dormía.

"Cuando entraron en su pieza lo despertaron. Le mostraron una tablet de su hermana y le dijeron que si les decía dónde guardábamos el dinero se la devolvían. Pero no tenemos plata en casa", sostuvo la víctima, y reveló que antes de irse "le dijeron «quedate acá durmiendo o te pegamos un tiro»". Más allá del susto, acotó, no fue lastimado.

Pasamanos. Ayer Gustavo no salía de su asombro por la violencia e impunidad con la que se manejan los ladrones y no descartaba que sean del mismo barrio. "No fue una entradera, directamente barretearon la puerta del garaje y se metieron. Es como si esperaran que nos fuéramos para entrar. Una vez adentro hicieron un pasamanos y se llevaron las cosas caminando".

"Revolvieron todo —detalló— y se llevaron un televisor LED de 42 pulgadas que habíamos comprado hace seis meses, una computadora de escritorio con el monitor y hasta el teclado, un grabador viejo, la tablet de la nena, el celular del nene, que alcanzó a esconder su tablet, una cámara de fotos de diez megapíxeles, una bicicleta, una aspiradora, una cuchilla y cuatro medallitas de oro, además de 500 pesos que había en la cartera de mi mujer y era todo el dinero que teníamos encima. Por suerte no se llevaron documentos ni tarjetas".

Códigos. En este sentido, el docente reflexionó sobre "el sentido de la riqueza de estos días: tengo libros muchos más caros que ni siquiera tocaron. Para estos pibes la riqueza está en lo teconológico, no está en la palabra ni en la dignidad de vivir. Tienen otra idea del valor y eso me preocupa por la gente está inválida de valores".

Asimismo, se lamentó de que se hayan roto hasta "los códigos que hacían que los ladrones no robaran a sus vecinos" y no desvinculó la situación en la zona de al menos dos búnkers de venta de droga que, afirmó, siguen operando por estos días en las calles de La Lata.

"Conozco mucho a los chicos del barrio —comentó— porque he hecho trabajo social durante años. A muchos los he visto convertirse en ladrones, pero acá había un código y se iban a otros lugares. Ahora no existe ni siquiera ese código".

"Lo peor de todo —agregó— es la sensación que te queda, de que van a volver al día siguiente, de que estamos en un contínuo sálvese quien pueda. Como si fuéramos obligados a vivir en el lejano oeste. Tuve que cambiar las cerraduras, reforzar puertas y el herrero me dijo: «Si le ponés demasiadas trabas vas a tardar tanto en abrir que te van a asaltar más fácil. Y por otra parte, por más cosas que le pongas nadie te asegura que no la tiren abajo»".

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