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Roles del sindicalismo y la empresa en el trabajo

Debates. Hay un modelo de organización laboral que está agotado y es imperioso que cambie.  

Viernes 15 de Abril de 2016

Más allá del desarrollo que pueda realizar el nuevo gobierno con su política general, hay un modelo de la organización del trabajo que está agotado. Agotado no significa que no se pueda seguir utilizando. Significa, desde esta observación, que es imperioso que cambie, para que el país y su gente mejoren su calidad de vida. El sindicalismo y el empresariado argentino tiene que estar a la altura de ello, porque si no seguiremos teniendo un país donde la ilegalidad y la corrupción parecen más la regla que la excepción.

El sindicalismo en estos tiempos se ha ocupado casi exclusivamente en negociar salarios y cuidar sus propios ingresos. En un país con la inestabilidad de la moneda que hemos tenido en los últimos años, esta alternativa ocupa casi toda la energía de quienes deben velar por los derechos de los trabajadores. Sin embargo, y a partir de la convicción de un cambio en las formas de gobernar y ver la política, es imperioso que surja una nueva visión mucho más abarcativa: es tarea —no exclusiva, pero sí central— del gremio velar por el control de las empresas en el pago de cargas sociales (no sólo de los ingresos que van directa o indirectamente al gremio, sino de los que cuidan de la salud o el futuro de los trabajadores), el control del trabajo en negro, y en general, que las empresas cumplan con lo que la ley manda.

De igual modo, el empresariado nacional está claramente en falta: la competitividad no se logra sólo a través de la modificación del tipo de cambio, ni a costa del salario del trabajador: existen reglas que todos deben cumplir, y quien no las cumple, debe ser denunciado. Y la pregunta es: ¿quién conoce mejor a quien no cumple las reglas que el mismo empresariado que compite en forma injusta con empresas que no cumplen con la ley? Entonces, ¿por qué las cámaras empresarias no dedican una parte importante de su existencia no sólo a negociar salarios sino a combatir el trabajo ilegal que perjudica seguramente al gran número de empresas que la sustentan? Hemos leído con indignación en los últimos días como grupos inescrupulosos de empresarios, que además subsistían casi exclusivamente por las dádivas que le pagaba el Estado, han dejado de pagar por años las cargas sociales y hasta en los últimos meses los salarios de los trabajadores, sin que ninguno de los estamentos que tienen relación con el tema hubiera advertido a la sociedad de estas cuestiones, al menos con la energía que esta cuestión demandaba.

Es momento para que sindicalismo y cámaras empresarias se pongan de acuerdo en que la legalidad en la forma en que se desarrolla la fuerza del trabajo es más negocio. Hay que cumplir y hacer cumplir las reglas: el sindicalismo en su rol de defender a los trabajadores y sus derechos, y el empresario para no dejarse sacar ventajas por los que corren con otras pautas que no son las que se deben aplicar. Si queremos un país mejor, más maduro, más serio, más competitivo, debemos ser los mismos actores los que empujemos a ello. Está claro que el poder político ha hecho poco hasta ahora para el cambio. Hoy hay al menos una declamación de cambio desde el poder ejecutivo y el poder legislativo. El poder judicial aún no ha dado demasiados signos de reclamar la necesidad de cambios, aunque los necesita y de manera urgente. Para mejorar es indispensable que estemos todos convencidos que hay cosas que se tienen que hacer distinto. Y ello es responsabilidad de todos. Sindicalismo y empresariado tienen temas en común y tienen las herramientas para ayudar a generar esos cambios y obligar a los gobiernos a cumplir con los controles, y por ende, a los pares con la ley. Creo que llegó la hora.

Glauco Marqués / Abogado laboralista

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