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Rohani trae aire fresco a un Irán aislado y con una pésima imagen

El líder supremo, Ali Jamenei, no logró convencer a la Guardia Revolucionaria de retirar a su candidato, que salió cuarto. El moderado presidente electo cierra los ocho años del radical Ahmadineyad y derrota al ala militar del régimen islámico.

Lunes 17 de Junio de 2013

Con la holgada victoria del clérigo moderado Hasan Rohani en las presidenciales de Irán, los reformistas saludaron ayer el fin de ocho años de gobierno conservador. La neta victoria de Rohani sobre los candidatos ultraconservadores impulsados por el establishment clerical y militar (ver recuadro) no implica sin embargo una inminente apertura reformista ni mucho menos, sino un replanteo más moderado de las relaciones exteriores de un país totalmente aislado por el radicalismo del mandatario saliente, Mahmud Ahmadineyad. El programa nuclear iraní es el foco del conflicto con la comunidad internacional.

Rohani, un clérigo que integra el establishment de la república islámica, aprovechó que el ayatolá Ali Jamenei, líder supremo iraní, se vio superado en estas presidenciales por la puja con la Guardia Revolucionaria, que insistió en ir con su candidato. Pero Jamenei, en el cargo desde la muerte del ayatolá Jomeini, también podría haber optado por un moderado de buena imagen para sacar al país del ahogo internacional que padece.

Siria y Hezbolá. En tanto, el presidente de Siria, Bashar Assad, afirmó que su país desea "reforzar las relaciones" con Irán, su aliado estratégico, en un mensaje de felicitaciones a Rohani. Pero los rebeldes sirios también aprovecharon el cambio en Teherán para invitar a Rohani a cambiar el firme apoyo de Irán a la dictadura de Assad.

A su vez, Rusia, aliado de Irán y gran proveedor de armas de Assad, felicitó a Rohani y pidió estrechar los vínculos. Varias monarquías árabes del Golfo señalaron que esperan mejorar las relaciones con el nuevo presidente iraní. Las tensiones entre ambas márgenes del Golfo no dejaron de crecer en estos años con Ahmadineyad. Arabia Saudita y Qatar, además, apoyan activamente a los rebeldes sirios. En Líbano, el Hezbolá shiíta estimó que el sucesor de Ahmadineyad trae "esperanza". Fue un comunicado de pura forma, para ocultar una evidente decepción: Hezbolá es aliado de los sectores más radicales y agresivos del régimen iraní.

Milicianos en guerra. Ayer el diario británico The Independent aseguró que al menos 4.000 milicianos iraníes de la Guardia Revolucionaria serán enviados a Siria, donde además Hezbolá ya desplegó 7.000 de sus mejores hombres para combatir junto a las tropas Assad. Medios de la región creen que la Guardia Revolucionaria de Irán tiene presencia en Siria desde hace más de un año.

Israel, en tanto, exhortó a la comunidad internacional a mantener la presión y las sanciones sobre Irán para obligarlo a cesar sus actividades nucleares. Australia pidió a Rohani que reanude las negociaciones con las grandes potencias sobre la cuestión nuclear "en forma seria".

El presidente electo preconiza una política exterior más flexible para suavizar las sanciones, pero quiere que los países occidentales "reconozcan los derechos de la república islámica" sobre el tema nuclear. Ayer, el presidente electo declaró que "buscará mejorar la paz en el mundo". Rohani cuenta con un antecedente muy claro: era el negociador nuclear jefe de Irán hasta 2005, cuando llegó al poder Ahmadineyad. Rápidamente este trabó las conversaciones y Rohani decidió renunciar en disidencia con el rupturismo de Ahmadineyad.

Estados Unidos, clave en liderar las sanciones contra Teherán, señaló que está "dispuesto a colaborar directamente" con Irán, pero que esta cuestión, como los otros temas estratégicos, está bajo la autoridad directa de Jamenei. El triunfo de Rohani es una "señal potencialmente positiva", declaró el jefe del gabinete. Denis McDonough,

Guardia, en minoría.A nivel interno, la Guardia Revolucionaria, el ejército de élite del régimen islámico, dijo en un comunicado estar "dispuesta a cooperar totalmente con el próximo gobierno en el marco de sus misiones previstas por la ley". Pero está claro que los guardias salieron derrotados de la compulsa electoral. Su ex comandante y candidato, Mohsen Rezai, quedó cuarto, con sólo 10,5 por ciento de los votos. Bajo Jamenei, la Guardia logró obtener un poder económico con el que Rohani deberá lidiar.

Una distensión con los países occidentales permitiría a Irán mejorar su imagen, afectada por la represión del movimiento de contestación en 2009, luego de unas muy turbias elecciones en las que Ahmadineyad salió reelecto. También quedarán atrás las brutales declaraciones del presidente saliente, que en numerosas oportunidades negó negó la existencia del Holocausto. Ahmadineyad "era el rostro de Irán en el mundo. Esta imagen va a cambiar: ahora será la de un hombre tranquilo, sereno, con un discurso moderado", opinó un experto iraní desde el anonimato.

La prensa reformista iraní manifestó su alegría. "El sol de la moderación se levantó", anunciaba el periódico reformista Arman, mientras que Etemad evocaba "el saludo de Irán al jeque de la esperanza". Rohani sumó el voto de los moderados, como él, y los reformistas, que no tenían mejor opción en las urnas luego de la purga de candidatos practicada por el clero iraní.

Contraste con 2009.Otro dato que contrasta con las vidriosas elecciones de 2009 es el carácter transparente de los comicios. No hubo libertad de elección, porque muchos candidatos fueron vetados por los clérigos del Consejo de Sabios, pero no se habló de fraude, como en 2009. El propio Ahmadineyad tendría que ver con esta inusitada transparencia: se habría asegurado que Rohani aplastara a los candidatos ultraconservadores sin interferencias ni trucos electorales en su contra. Fue una venganza contra quienes lo hostilizaron y aislaron internamente en su segunda presidencia. Por medio punto porcentual, Rohani superó el 50 por ciento y evitó un ballottage que hubiera visto sumarse todo el voto conservador. Según trascendidos, el propio Rohani, preocupado por una conspiración para falsificar las elecciones, se presentó en el Ministerio del Interior y exigió un recuento de votos y la publicación de los primeros resultados parciales.

Las potencias occidentales y la ONU impusieron diversas sanciones a Irán para obligarlo a cesar sus actividades nucleares. El resultado fue un alza del desempleo, una inflación superior al 30 por ciento y una depreciación de la moneda local, el rial, de casi 70 por ciento. Pero más allá de este torniquete exterior, la economía iraní presenta graves problemas propios del modelo elegido, con enormes áreas en manos del Estado y un gasto militar desproporcionado.

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