Rogar, solamente a Dios
La carta-ruego de David Prioni a los senadores, del 20 de mayo pasado, es de verdad alarmante por sus expresiones y connotaciones. En primer lugar "ruega" a los senadores a modo de rezo, oración o invocación como si eso fuera procedente en nuestra normal relación con los que nos representan en la diferentes cámaras parlamentarias.

Lunes 24 de Mayo de 2010

La carta-ruego de David Prioni a los senadores, del 20 de mayo pasado, es de verdad alarmante por sus expresiones y connotaciones. En primer lugar "ruega" a los senadores a modo de rezo, oración o invocación como si eso fuera procedente en nuestra normal relación con los que nos representan en la diferentes cámaras parlamentarias. En sus tantos ruegos, agrega datos de una total ignorancia respecto del tema de la homosexualidad: cree, afirma, que es electiva. Así como él o cualquier otra persona no eligió su heterosexualidad, ser homosexual no es una elección. Ignora de este modo lo básico y mínimo que hay que saber de la sexualidad humana. No conforme con eso Prioni invoca y cita la Constitución nacional sin un objetivo lógico, ya que por lo menos el texto citado no se relaciona con aprobar o no el matrimonio entre personas del mismo sexo. Seguidamente, vuelve a rogar para que se vote a favor de lo normal, lo que trata de definir por medio de la Real Academia Española, y entonces pareciera ignorar que vive en Argentina donde existe una Academia Argentina de Letras y que en la misma España donde se rigen por su propia academia, existe el matrimonio entre personas del mismo sexo. Invoca las normas como si fueran algo inamovible cuando en realidad son productos sociales que cambian. En otros tiempos hubo normas que no permitían el divorcio, que legislaban sobre la esclavitud, que concedían el derecho a votar sólo a los hombres, etcétera, y que han ido aboliéndose para ir conduciéndonos siempre hacia una sociedad más justa e igualitaria. Estimado Prioni, no hay que rogar a los senadores, usted como todos ya los votamos, ahora hay que esperar que obren en consecuencia. Más bien ruegue a Dios para que los hombres y mujeres que traen un hijo al mundo, se hagan cargo siempre de él, que lo críen, lo eduquen, lo amen y lo protejan; porque ese es el verdadero problema, y no que haya otros que deseen amarlos y educarlos en calidad de padres adoptivos con prescindencia de su sexualidad.

Carlos Italiano,

latinia@fibertel.com.ar