Robos de vehículos
La expropiación de YPF, que restablece la soberanía nacional de los recursos, expresa una decisión clave para el desarrollo del país, y revierte una medida -la privatización- que nunca debería haberse tomado. Yacimientos Petrolíferos Fiscales fue creada en 1922 por Hipólito Yrigoyen, abierta a la inversión privada por Frondizi, y vuelta a recuperar por Arturo Illía. El neoliberalismo menemista, con el apoyo incondicional de quienes hoy gobiernan, fue quien impulsó la privatización, y abrió la puerta a los negocios privados, a expensas del bienestar de los ciudadanos de la Nación. Los que en la década del 90 festejaban la venta de YPF a capitales extranjeros son los mismos que hoy aplauden la decisión de la presidenta, sin prácticamente ninguna autocrítica. La evolución de los últimos años ha puesto en evidencia la desidia del sector privado, plasmada en la ausencia de inversiones, y sobre todo la falta de control por parte del gobierno nacional, lo que condujo invariablemente al déficit energético, la pérdida del autoabastecimiento y a la consecuente salida de divisas. Jamás hubieran imaginado Yrigoyen, Mosconi o Illia que la Argentina en el siglo XXI tuviera que importar gas y petróleo. La estatización es una buena medida, pero no agota ni resuelve los problemas energéticos del país ni la sustentabilidad del desarrollo. Esperamos que éste sea el inicio de una discusión profunda acerca de la política energética, que promueva iniciativas claras, transparentes y eficientes en la gestión de los recursos claves.
Domingo 22 de Abril de 2012
Soy un vecino de calle Catamarca al 1000, entre San Martín y Sarmiento. A mano derecha se encuentra el Club Universitario y a la izquierda un edificio abandonado de Agua y Energía y una escuela. Esta calle, dado que posee pendiente ascendente, posee estacionamiento a 45, que suele ocuparse por completo los fines de semana, en las tardes por personas que asisten al parque España o a la plaza Néstor Kirchner y por las noches por asistentes a bares de la zona. Es entonces cuando se produce de manera sistemática, a través de la rotura de los vidrios laterales de los autos, el robo de objetos valiosos de su interior, y en el peor de los casos el robo directo de todo el automóvil. Esta situación se repite, desde hace meses, cada fin de semana, sin cambios a pesar de haber efectuado ante la seccional 3ª las denuncias correspondientes. Los vecinos de esta zona nos hemos convertido en asiduos testigos oculares de este tipo de delito, pero parece que no podemos hacer nada más que indignarnos ante la delincuencia, la impunidad y la desprotección. Sólo me resta sugerir a los ciudadanos de Rosario que visitan la zona, de abstenerse de estacionar en esta calle si no quieren encontrar su vehículo desvalijado al retornar de su paseo. Es así como en una zona privilegiada por los escenarios naturales y la obra pública, una vez más, no está garantizada la seguridad.
Claudio Marigo