Domingo 13 de Noviembre de 2011
Hace unos días fui con mi hermana al cementerio El Salvador para dejar una flor a mis muertos, y llevé mi cámara fotográfica. Soy arquitecta y amante de la fotografía. Saqué no más de 10 fotos y cuando estaba por la avenida principal, entrando por Ovidio Lagos, se me acercó un muchacho de seguridad y me dijo que guardara la cámara, que no estaba permitido sacar fotos. Me sorprendió, pero la guardé. Cuando salí por avenida Francia, se me acercó un policía joven para preguntarme si yo era la señora que había estado sacando fotos. Ya tenía la cámara en el estuche, me sentí tipo delincuente al que fichan. Pregunto: ¿podría la seguridad del cementerio poner el mismo celo en que no se roben el bronce? Al humilde nicho de mis abuelos, al igual que otros centenares, ya no les queda nada de bronce. Da pena ver cómo han arrancado jarrones, placas y demás. El patrimonio arquitectónico y escultórico de El Salvador es inmenso. Mi idea de las fotos era sólo reflejar eso. No vi ningún cartel en la entrada prohibiendo sacar fotografías. Voy a volver a hacer la queja correspondiente y espero encontrarlo, ya que nadie me va a responder por lo que nos robaron.