Jueves 05 de Junio de 2014
Una imponente multitud de Robocops ha invadido nuestra ciudad. En especial han desplegado sus huestes en los barrios más pobres y villas aledañas, y persiguen a los niños y muchachos que usan gorritos (como los que supo usar Perón con su motoneta) y aros. En especial a aquellos niños y jóvenes morochones, que se muestran rebeldes a obedecer sus órdenes, no sólo los abofetean sino que hasta los hacen desnudar para que sientan la humillación, el vejamen y el rigor de un poder opresivo y asfixiante. Nada de lo que ocurre es casual, esos metálicos semihumanos son los instrumentos de que dispone el poder para hacer posible el ajuste y la inflación que va destruyendo las economías de un pueblo cada vez más sometido por desopilantes impuestos, por la expansión de la droga, el juego, la prostitución y la corrupción generalizada que degrada y devalúa los vínculos sociales. Nuestra historia en el país ya ha dado ejemplos suficientes,que nos advierten que, frente a la toma de conciencia del pueblo del grado de explotación y exacción a que se lo somete, recurren a sus reservas morales, y el poder necesariamente debe recurrir a mecanismos represores para disciplinar y evitar que esa conciencia se transforme en acción de rebelión.
Amílcar Monti