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Robaron dos veces en la misma joyería céntrica en sólo 48 horas

Fue en Work, en el Paseo del Siglo. Son los mismos ladrones. Entre el viernes y ayer se llevaron $700 mil. Conocían con precisión el local y el sistema de seguridad. Sustrajeron alhajas y relojes Omega y TAG.

Lunes 23 de Julio de 2012

Los ladrones podrían pedir que agreguen al diccionario una nueva acepción para la palabra osadía. De qué otra manera describir la acción de dos hombres, los mismos, que robaron en la principal joyería del Paseo del Siglo, de manera idéntica y provocando un quebranto mayúsculo, dos veces en 48 horas. En el último golpe, ocurrido ayer, los delincuentes permanecieron casi 80 minutos dentro del local. En ese tiempo desplegaron un trabajo sigiloso tomandose a la chacota el sofisticado sistema de vigilancia con censores y videocámaras que sólo los detectó en los últimos tres minutos, cuando ya nada podía impedir que arrasaran con el material más valioso del comercio y se escabulleran por donde habían llegado.

"No les alcanzó una vez asi que doblaron la apuesta y también mi perjuicio", dijo ayer Daniel Guerrero, el dueño de la joyería Work, junto a los cristales rotos de las vitrinas del negocio en Córdoba 1622. En una pantalla dividida en 16 cuadrículas con cada rincón del local, el comerciante miraba las alternativas del atraco, registrado por cámaras que sirvieron solo para mostrar con nitidez la eficacia de los intrusos y sus caras al descubierto. Guerrero estima que le robaron más de 700 mil pesos en mercadería entre los dos robos.

Dos días de intervalo. El primero, el viernes a las 5 de la mañana, fue más breve y violento. El segundo se extendió bastante más. Lo que es al dueño le parecía una bufonada es la simetría de los casos, cometidos con apenas dos días de diferencia y en el corredor más céntrico de Rosario. Los ladrones entraron por el mismo lugar, rompieron paneles de vidrio en la misma zona del local y partieron dejando a las alarmas como ruidosa música de fondo.

"No fue cosa de improvisados. Da la impresión de que tenían un plan que no pudieron cumplir la primera vez y lo terminaron ayer. Los autores tenían muy buena información sobre el local, su acceso y su sistema de alarma. El hecho de que no se hayan preocupado por cubrir sus caras sugiere que no son de esta zona. Parecen ejecutores de un plan que incluye a más gente", dijo a el subjefe de la Unidad Regional II, Hernán Brest.

La joyería es un inmueble rectangular de unos 25 metros de largo con dos zonas bien diferenciadas. La entrada por Córdoba es un salón con vitrinas donde lucen piezas de joyería y relojes de marcas exclusivas. Hay un segundo ambiente o patio, separado por un blindex y una persiana metálica del primero, donde hay mercadería en exhibición, de valor económico inferior al del espacio contiguo. La tecera sección, que es el fondo del comercio, es un depósito reducido, casi en el centro de la manzana.

Las dos veces la irrupción fue por este depósito del fondo. Los ladrones abrieron una brecha de 20 centímetros por un metro en un techo de policarbonato y bajaron al depósito. En la puerta de ese lado hay un censor de movimiento al parecer desactivado. Los ladrones abrieron la puerta y pasaron al sector medio del inmueble.

Aquí hay tres cámaras y dos censores más. Los dos hombres, de físico menudo, fueron registrados en imágenes a las 6.13 por primera vez. Conscientes de que los desplazamientos bruscos son captados por la tecnología permanecieron aquí la mayor parte del tiempo con movimientos casi imperceptibles: tomaron 77 minutos eternos para recorrer diez metros arrastrándose como reptiles. Llegaron a la persiana metálica a la que hicieron saltar con un gato hidráulico y quedaron frente a un blindex de cinco milímetros. Abrieron un orificio de unos 45 centímetros por 25 y pasaron al salón donde están las piezas de mayor valor.

Ahí sí las chicharras se activaron. Eran las 7.20. El vértigo se apoderó de los dos hombres que actuaron, sin embargo, como si supieran que el momento clave del plan se había iniciado. Uno de ellos corrió a la oficina de Guerrero en el primer piso, forzó un cajón de su escritorio y manoteó relojes y alhajas. El segundo ladrón recorría la parte principal de la joyería. Rompió un exhibidor de relojes Omega, otra de relojes Breitling y un tercero con joyas. El frenesí duró tres minutos. Esta vez se fueron por donde llegaron. En el frente del negocio nadie habría notado nada anormal.

El viernes. En el golpe del viernes, del que la prensa no se enteró, las acciones fueron mucho más rápidas. Esa vez también levantaron la reja y rompieron la puerta de blindex. Se robaron los relojes Omega de la misma vidriera que ayer rompieron de nuevo, una colección completa de TAG Heuer y alhajas. El valor estimado de la mercadería sustraída orilla los 350 mil pesos. El valor del quebranto de ayer, calculaba Guerrero, es similar.

La peculiaridad de un robo suele servir para evitar el próximo. Pero aquí, decía ayer Guerrero, pese a la seguridad privada y a la denuncia policial, todo fue igual hasta lo bizarro. Demostrando lo meditado del plan, en los dos casos los ladrones dejaron herramientas tiradas, un gato hidraúlico y un par de escaleras desplegables de aluminio, todos elementos secuestrados por la policía.

Un gerente de Work siguió ayer un rastro de guantes de látex y linternas y descubrió la ruta de los ladrones. La puerta de hierro y vidrio traslúcido de Santa Fe 1651 da a un largo pasillo con nueve departamentos. Los ladrones hicieron una rotura mínima en el vidrio de esta puerta, pasaron la mano y bajaron el picaporte. Eso inició el camino hasta el fondo de la joyería. Por los techos avanzaron hasta una cochera con entrada por Roca 750. Allí bajaron, pusieron una escalera de madera y treparon de nuevo a las azoteas de dos comercios, una de los cuales da al depósito de la joyería.

"Una vecina del pasillo de Santa Fe 1651 nos dijo que el vidrio roto de la puerta lo encontraron el viernes. O sea que ese día también entraron por acá", dijo Guerrero. Seguros o tentados, volvieron a los dos días e hicieron todo igual.

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