Jueves 09 de Abril de 2009
"Sólo 500 pesos tenés. ¿Sos el dueño y tenés 500 pesos? Si no me das más guita te tengo que poner un tiro". Ese fue uno de los diálogos que a Mariano, dueño de un restaurante de Alberdi asaltado el martes por la noche, le quedó rebotando en la cabeza. Cerca de las 22.30, dos hombres bien vestidos, a cara descubierta y armados con revólveres ingresaron al local de Agrelo al 2700. En el lugar también estaban su esposa —con su bebé de dos años— y cuatro clientes. "Además de la recaudación se llevaron además de la recaudación las billeteras y celulares de todos", detalló Mariano. "A unos de los clientes, un hombre de unos 70 años, le pegaron un culatazo en la cara y lo lastimaron", describió.
"Los tipos estacionaron su auto —un Chevrolet Corsa gris, según testigos— a la vuelta del negocio por Matheu. Entraron, robaron y se fueron caminando. Desde las 22.30 llamé 16 veces al 101 y nada. La policía me dice que hubo sólo dos llamadas, las últimas, quedaron registradas. La primera patrulla llegó a las 23.15. Era un móvil de Patrulla Urbana que estaba dando vueltas por la zona y no sabía nada. El primer Comando Radioeléctrico llegó a las 0.05", recalcó Mariano serenamente indignado. "Uno de los policías que llegó me mostró que su arma tenía sólo una bala para dos cargadores. ¿Cómo puede ser todo esto?", se preguntó.
Mariano tiene 34 años y junto a Alejandra, su mujer, invirtieron hace cuatro meses en un restaurante-café en Agrelo entre Vieytes y Matheu. Ambos llegaron desde la provincia de Buenos Aires junto a su hijo de dos años y se afincaron en una de las zonas más coquetas de Alberdi. El restobar tiene un salón de unos 10 metros por 6, decorado en tonos rojo y negro, con una barra sobre uno de sus costados y frente vidriado.
Violentos. El martes a las 22.30, dentro del local, había dos mesas para dos personas ocupadas. Cuando los maleantes —que vestían ropas nuevas, usaban gorritas y empuñaban viejos revólveres calibre 38— ingresaron, se toparon con una pareja que se retiraba. "Se metieron, cerraron la puerta y fueron al grano: Dijeron «Queremos la plata», mientras caminaban entre las mesas", recordó Alejandra. " Uno quiso levantar a mi hijo y le dije que no lo tocara. Después un cliente pidió que no le llevaran los documentos y le pegaron un culatazo que le rompió la nariz", rememoró la mujer.
En diez minutos, los intrusos despojaron a Mariano de dinero y a los clientes de celulares y billeteras. Entonces salieron y caminaron unos 40 metros hasta Matheu, donde los esperaba el Corsa Gris. "Movían mucho las armas. Cuando le pegaron al cliente pensé que le pegaban un tiro", dijo Mariano.
"La sensación que nos quedó es de querer irnos. Pensaba que el robo fue terrible, pero lo que le siguió fue peor", indicó Mariano. "No somos de Rosario y nos cuesta entender que esto suceda en un barrio tan lindo como es este. No sé si da más miedo que te roben o todo lo que pasa después", reflexionó Alejandra. l