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River se banca todos los frentes

Le ganó a Banfield 3 a 2 después de estar en desventaja y quedar con uno menos. Sigue en la pelea a dos puntos de Racing.

Lunes 01 de Diciembre de 2014

ARiver nada le resulta sencillo, pero al final la vida le sonríe. Ayer debió apelar a Cavenaghi y Sánchez en el inicio del segundo tiempo para torcer un partido que venía de nalgas. Con un golazo de Bertolo en el cierre de la primera mitad, apenas unos segundos después de que Racing venciera a Central en Arroyito, Banfield le ganaba 1 a 0 en el Monumental y amenazaba seriamente con quitarlo de la pelea por el título.
Una media vuelta del Torito en coproducción con el inefable Servio  a los 8’ del complemento ya le entregó dividendos por duplicado: empató el partido y Cavenaghi festejó su centésimo gol con la camiseta millonaria.
Tres minutos más tarde, Sánchez corrigió por izquierda hasta con pulcritud un centro que le cayó desde la derecha y estampó el 2 a 1. Ahí mismo River volvió a meterse en el camino de Racing, que busca su primera vuelta olímpica en 13 años.
  Pero había una película de suspenso esperando al equipo de Gallardo: a los 16’ el Malevo Ferreyra se fue expulsado por doble amarilla y a la salida de esa jugada, Solari cometió un penal increíble sobre un costado del área. Salcedo lo cambió por gol y el partido tenía un poco más de relación entre el desarrollo y el resultado.
Otra vez a empezar. Con el empate River volvía a quedar afuera de la pelea por el campeonato. Y con uno menos.
Gallardo, que ya había sacado a Mercado y a Teo Gutiérrez cuando entraron Sánchez y Cavenaghi, sacó a Tomás Martínez y lo puso a Boyé para tener más peso en ofensiva.
Llegó una trepada de Solari, como una especie de redención por el penal anterior, Bianchi Arce lo bajó en el área y Cavenaghi llegó a 101 goles con la banda cruzada en su pecho.
Premio a la incesante búsqueda de un equipo que está en ganador y que liga en igual proporción que lo que arriesga.
Castigo para un Banfield que parece no comprender que en el fútbol de conjunto el equilibrio suele ser lo más valioso para conseguir los objetivos. Ataca como pocos, pero defiende como ninguno: peor imposible.
Como frutilla del postre, en el final Barovero volvió a probarse el traje de héroe, ya que en tres ocasiones ahogó los gritos del visitante y de esa manera dio lugar a otro festejo que será largamente recordado en el Monumental el día que Matías Almeyda, capitán del equipo que descendió y entrenador del que volvió a primera división, regresó para defender otros colores.
River se embarcó anoche en busca de otro sueño: la Copa Sudamericana. Para ello deberá pasar la barrera de Atlético Nacional de Medellín al que visitará el miércoles en el estadio Atanasio Girardot y recibirá una semana más tarde.
River no para. Sigue y sigue. Cuando parecía que se desmoronaba, volvió a la pelea. w

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