Jueves 30 de Junio de 2011
Es indignante ver como el gobierno nacional aprovechó la oportunidad para distraer la atención de la gente. El partido River-Belgrano se debió jugar a puertas cerradas. Era lo más lógico. Se consideraba muy riesgoso promover la concurrencia de 60 mil personas para que presenciaran el partido. Ya estaba el antecedente de los hinchas que invadieron la cancha durante el encuentro disputado en Córdoba. El día sábado en Núñez, frente a la cancha de River, también hubo incidentes. No obstante la caída de cinco puntos que daban las encuestadoras en la reelección de Cristina hizo que los asesores cercanos a la presidencia llamaran a Humberto Grondona para comunicarle que “el partido se haga sin limitación de concurrentes, a tribuna llena”. Grondona apoyó la moción. La estrategia política era que si se producían los hechos previsibles, éstos tendrían repercusión y provocaría varios días de distracción, haciendo olvidar a la gente el caso Schoklender, Madres de Plaza de Mayo, Inadi, y otros escandaletes. Todo lo que estaba molestando al kirchnerismo. Tras el partido sucedió lo que tenía que suceder; estaba “cantado”. Cerca de cien heridos, destrozos en comercios, edificios, casas particulares, incendios, saqueos. Hubo 2.500 policías a quienes sacaron de su trabajo habitual para controlar un partido que terminó a pedradas entre civiles y policías. Una aberración. En la Argentina de hoy el problema más grave era que River se fuera a la B. La estrategia gubernamental era tapar todos los escándalos con una cortina de humo. Este partido le brindó al gobierno esa cortina.
Manuel Basanta