Riesgos que se descubren según los resultados

Jueves 07 de Mayo de 2009

Es muy injusto que alguien sufra un arrebato. Es muy frustrante ver cómo el ladrón escapa. Es muy ingrato presumir que esa acción pueda quedar impune.

Por eso cuando aparece alguien para frenar hechos así se extiende un sentimiento común: el de aprobación automática al que se lanza a reparar por sí mismo el daño causado. No importará que un civil armado en la calle, sin adiestramiento, empiece a los tiros, con los riesgos que eso implica, para sí mismo y para terceros. Si ocurre que el delincuente resulta herido la acción encontrará adhesión entusiasta.

El resultado de ayer fue un arrebatador baleado por la acción de un civil armado. Pero podría haber pasado otra cosa. Si el hombre que corrió a tiros al ladrón hubiera herido a un peatón, o si él mismo hubiera recibido un tiro como reacción de aquél, hoy estaríamos considerando otras cuestiones.

No es desviar el tema sino, más bien, enfocarlo hacia cosas que pasaron y pueden pasar cuando alguien sustituye por su cuenta el rol que en un Estado democrático es propio de las fuerzas de seguridad.

En septiembre de 2003 un vigilador inhabilitado para portar armas empezó a los tiros ante el arrebato de un maletín en Mitre y San Lorenzo. Isaac Sznaiderman y su esposa Rosa Plotner, que esperaban el colectivo, recibieron tiros en el tórax. Conservaron la vida por casualidad.

Incluso la mayor nobleza tiene tristes riesgos. En marzo del año pasado el abogado Guillermo Feil intentó evitar el escape de un asaltante ante el pedido de ayuda de una mujer asaltada en Sarmiento y Deán Funes. El ladrón le pegó un tiro que le causó la muerte.

¿Será que hay que dejar que los delitos que ocurren ante nuestros ojos se consumen sin que hagamos nada? Buena pregunta. Pero no menos bueno es valorar las consecuencias tremendas que puede suponer intentar hacerlo sin estar preparado ni autorizado para ello. Es incómodo decirlo pero la opción de fondo sigue siendo, en esos casos, si privilegiamos los bienes o las personas. Solamente cuando muere un inocente, que es lo que puede suceder en casos así, notamos qué es preferible. Una cruda lucha civil se viene si aprobamos que cualquiera pueda frenar un robo de cualquier modo. Que en tal escenario cualquiera puede perder lo más preciado suele constatarse a veces y demasiado tarde.