Ricardo, un ejemplo de vida
De ideas claras y fuertes convicciones, intrépido y comedido, transitaba la vida de la mano de la esperanza, la tenacidad y el inconformismo propio de quienes no saben de resignación, en la agotadora búsqueda de la curación o de todo aquello que se le parezca.

Lunes 12 de Septiembre de 2011

De ideas claras y fuertes convicciones, intrépido y comedido, transitaba la vida de la mano de la esperanza, la tenacidad y el inconformismo propio de quienes no saben de resignación, en la agotadora búsqueda de la curación o de todo aquello que se le parezca.Ricardo, mi padre, auténtico "self-made man", incorpora con avidez desde la conciencia deportiva un espíritu de lucha digno de desplegar, cuando entonces, con treintipocos años, y un vagón de miedos le hablaron, por primera vez, de ella, de su enfermedad, la esclerosis múltiple. Ahí se inicia un nuevo capítulo en la vida de él, de su esposa y de sus hijas, donde la modalidad que operaba era el desafío permanente. Desafío para levantarse, para manejar, para trabajar, para moverse. Moverse en una sociedad en la que aparecían y aún hoy se conservan esta suerte de barreras arquitectónicas, a las que por supuesto se conoce cuando se padece alguna discapacidad. Es esto, queridos lectores, un breve extracto, valga la redundancia, lo que les quiero transmitir. Las vivencias de un hombre, un papá, un esposo, que luchó, que no se curó, pero que no se quedó con las ganas de intentarlo todo, todo lo que hasta el 10 de septiembre de 1996, con 52 años, se le presentó y de no ser así, lo buscó. Sería ingrato de mi parte no dedicarle a mi madre palabras de eterno agradecimiento, en tanto su esfuerzo y calidez, ampararon nuestro caminar. A mis hermanas, Irina y Cecilia, con quienes reímos y lloramos por lo mismo...

Débora Sesma