Martes 19 de Marzo de 2013
Todos los presidentes y reyes del mundo se arrodillan ante el Papa y besan su anillo, símbolo de su autoridad. El Papa Francisco es argentino y es peronista. Cristina Fernández es argentina y es peronista. Pero, paradojas del destino, la diferencia ideológica la encuentra en la otra vereda. Personalmente, son el blanco y el negro. Sin hacer referencia a la sotana blanca del Papa o a la vestimenta negra de la viuda. El Papa sorprende al mundo por su humildad y su austeridad. Nuestra presidenta sorprende por su soberbia y su despilfarro (vestidos, zapatos, relojes). El es conciliador, habla con la gente, sabe escuchar. Ella, sólo monologa. No hace reuniones de gabinete ni conferencias de prensa. Comparaciones que debemos hacer, puesto que la confrontación, por la confrontación misma, es su estilo, y como tendrá que convivir política y socialmente sus últimos dos años de mandato con un Sumo Pontífice que no es de su agrado, pienso que se necesita pragmatismo para restablecer un diálogo con una institución con miles de años de protagonismo. Si alguien piensa que la Iglesia Católica es sólo una entidad dedicada a difundir la palabra de Dios por el mundo, está equivocado. La Iglesia tiene y ejerce poder, poder no sólo económico, también lo tiene en el plano geopolítico. Si no, veamos los últimos acontecimientos a nivel mundial en los que intervino la Iglesia. Polonia era un país de la Unión Soviética. Con el nombramiento de el Papa Juan Pablo II en la región renacieron los movimientos opositores en la política y el sindicalismo. En su tercer viaje a Polonia, junio 1987, reclamó abiertamente la democracia. En 1988 los soviéticos se retiraron de Afganistán, y el 9 de noviembre de 1989 cayó el muro de Berlín. En una intervención decisiva por el canal de Beagle, el Papa envió al Cardenal Samoré a mediar en el conflicto con los chilenos. El 8 de enero de 1979 se firmó el Acta de Montevideo. Ambos gobiernos se comprometieron a no hacer uso de la fuerza y abstenerse de tomar medidas que turbasen la armonía entre las dos naciones. Estos hechos, entre otros muchos, nos muestran la larga experiencia de la Iglesia Católica en el campo diplomático. Espero, para el bien de todos los argentinos, que la relación entre nuestra presidente y el Papa, dé un giro copernicano. Decía Antonio Machado: "Nunca perdáis contacto con el suelo; porque sólo así tendréis una idea aproximada de vuestra estatura".
Manuel Basanta / DNI 93.971.708