Viernes 09 de Enero de 2015
Los pequeños dicen frecuentemente, en forma de pregunta, "¿por qué?". Esta pregunta, perfeccionada por los adultos (¿por qué?), nos acompaña el resto de nuestras vidas. Se dice desde tiempos inmemoriales que Dios es el encargado de responder a tal pregunta. Grave error. En efecto, jamás debemos olvidar que el Señor ha dado a cada ser humano un don extraordinario que le permite elegir los caminos por los que transitar su existencia. Me estoy refiriendo, obviamente, al libre albedrío. Nosotros somos responsables de nosotros mismos. Si aceptamos esa responsabilidad, si somos realmente responsables por nuestros actos, nos acercaremos al clásico pensamiento: "saber vivir es la clave, porque vivir cualquiera sabe". Saber vivir implica saber congeniar la responsabilidad y la libertad. En su libro "Ética para Amador", Fernando Savater dice: "No somos libres de elegir lo que nos pasa (…) sino libres de responder a lo que nos pasa de tal o cual modo-obedecer, rebelarnos, ser prudentes o temerarios, vengativos o resignados…". El hombre es libre siempre que sea consciente de sus actos y de las consecuencias que sus decisiones traen aparejadas. Gracias al libre albedrío, el hombre puede optar, puede hacerse responsable de su elección (ya sea ésta buena o mala). Al ser libre y racional, el hombre es capaz de actuar responsablemente. Cuando no es capaz de actuar de esa forma, ya sea por ignorancia o por coacción, el hombre pierde su libertad y su dignidad sufre un severo menoscabo. De ahí la importancia de la educación ya que, como bien dijo Sarmiento, un pueblo ignorante se inclinará siempre por la tiranía. Y cuando los hombres están sometidos a la voluntad de un mandamás, se transforman en meros instrumentos a su servicio.
Leda Rinaldi