Viernes 21 de Mayo de 2010
Viviendo en un país donde una importante mayoría se autodenomina cristiana, resulta incoherente que frente a tan delicado tema como el matrimonio homosexual se deje de lado la palabra de Dios revelada en las Sagradas Escrituras. En el Génesis leemos que cuando Dios creó al hombre consideró que no era bueno que estuviese solo y decidió hacerle una mujer, y no un hombre, por compañera para la vida. Asimismo insta a éste a dejar padre y madre para unirse a una mujer y no a un hombre, agregando en el Nuevo Testamento que nadie separe lo que Dios unió, es decir a hombre con mujer. Es el plan divino para la formación de la familia, diseñada tanto para la procreación, como para el desarrollo integral de sus miembros, conforme a las pautas bíblicas. La adopción de niños en otro contexto abortaría tal diseño, con impredecibles consecuencias. Por tanto no se trata de segregación, desigualdad o prurito religioso, sino de respetar o no las leyes del creador. Esta incoherencia entre el decir y el hacer, da cuenta de la sociedad flácida e hipócrita de nuestro tiempo, donde los políticos juran sobre la Biblia.
Raquel Pierri LC 4.628.115