Domingo 16 de Septiembre de 2012
Descendientes de los voluntarios rosarinos que ayudaron a San Martín en la batalla de San Lorenzo se reunieron para conmemorar la participación de sus antepasados en el combate que sólo duró quince minutos y que Cayetano Silva inmortalizó en su famoso Febo asoma. A casi dos siglos de aquella breve pero determinante lucha, quieren dar a conocer la dimensión humana de la gesta que involucró a sus antecesores, algunos casi adolescentes: aportaron caballos y víveres, curaron heridas, dieron datos del lugar y hasta fueron milicianos.
Además de la difusión, con vistas al 3 de febrero de 2013, preparan homenajes: una placa recordatoria; la segunda edición del Congreso de Genealogía del Pago de los Arroyos, que hará eje en el tema y hasta un libro que rescata aspectos inéditos de los milicianos locales que aportaron caballos y astucia a los granaderos (ver aparte).
Después de indagar durante una década, el Centro de Estudios Genealógicos e Históricos de Rosario logró relacionar a Manuel de Isasa, Nazario Palacios, Felisardo Piñero, Pablo y Alfonso Rodrigáñez, con sus descendientes que en la actualidad viven en Rosario, San Lorenzo y Buenos Aires. El dato, además de sorpresa, colmó de satisfacción a quienes después de seis generaciones se reconocen como sucesores de sangre y conciencia de los voluntarios que dieron apoyo logístico a San Martín.
"Muchas familias conservaban la tradición oral transmitida por sus mayores y otras descubrieron en el último tiempo su vinculación con los voluntarios de la batalla de San Lorenzo", contó a La Capital el portavoz del grupo de los descendientes, Sebastián Alonso. Y dijo que hay personas en esta ciudad y en San Lorenzo que aún ignoran esta descendencia.
En su opinión, es "increíble lo que se siente al pensar que dos siglos después la vida nos une como lo hizo con nuestros antepasados en 1813". Y dijo que en su juventud comenzó a prestar atención al relato de su abuela Alcira Argumedo, tía a su vez de la socióloga homónima, que daba pistas sobre la participación miliciana en el famoso combate, de su chozno (padre de su tatarabuelo) Manuel de Isasa.
Relatos. "Mi abuela hablaba de sus antepasados como la familia de Nazario Palacios, cuya hija Bienvenida fue la que muchos años después indicó el lugar donde estaban enterrados los muertos en el combate. Al momento de la batalla, Nazario era un joven de 14 años y colaboró junto a Tomás Medina, Pablo Rodrigáñez y otros 17 sanlorencinos en la "ingrata tarea de sepultar a los caídos".
Eligieron la sombra de unos cipreses, tras los muros de la huerta del convento. Allí, en la calurosa tarde de febrero, mientras Mariano Necochea escribía el parte de la victoria que le dictaba San Martín, los voluntarios enterraron a los 16 granaderos y a los 40 realistas. En el grupo estaba cavando Pablo, cuyo padre Alfonso Rodrigáñez, antepasado de los rosarinos Lejarza y Castagnino, había cedido caballos para el combate.
Para Alonso, es muy importante destacar que los granaderos no estuvieron solos en lo que se conoce como su bautismo de fuego. "Los acompañaron muchos hombres, entre los de Rosario estaban los milicianos comandados por Celedonio de Escalada y el cura Julián Navarro, quien brindó las primeras curaciones y ayuda espiritual a los heridos, entre ellos el propio San Martín, que terminó con una herida de sable en la mejilla y un hombro dislocado por la caída de su caballo", evocó.
Parte de guerra. Pero sin duda la prueba que los colma de orgullo es el documento que el 6 de febrero San Martín envió a Buenos Aires para completar el parte de guerra de tres días atrás. "Allí menciona a Manuel de Isasa y a los milicianos Felisardo Piñero y Pedro Salces y tantos otros", contó Alonso.
¿Quiénes y cómo remontaron las omisiones de la historia que plasma bronce antes que latidos de lo cotidiano? Desde su fundación en el 2002, el Centro de Estudio Genealógicos e Históricos de Rosario, realiza "estos entronques", fundamentó Alonso. De esa tarea casi artesanal salieron a la luz ligazones de sangre entre aquellos civiles de gran altruismo y sus actuales parientes que viven en Rosario, San Lorenzo y Buenos Aires.
"Muchas familias conservaban la tradición oral transmitida por sus mayores, otros han descubierto en los últimos tiempos su vinculación familiar con quienes estuvieron al lado de los voluntarios", aseguró.
Cuando del 18 al 10 de octubre próximo, el Centro realice en Rosario su segundo Congreso de Genealogía del Pago de los Arroyos, estas vivencias ocultas discurrirán para el asombro entre relatos y exposiciones.
Historias de vida jugadas que quedaron afuera de los manuales y que evocan las preguntas que el escritor Bertold Brecht pone en boca de un obrero en uno de sus movilizadores textos: "César venció a los galos. ¿No llevaba consigo ni siquiera un cocinero? Felipe II lloró al hundirse su flota. ¿No lloró nadie más?". Quizás tenga razón, hay más carne, sueño y sangre que bronce. Mejor. Tranquiliza más saber que los granaderos no estuvieron solos atisvando el Paraná, mientras el verano encendía el aire de batalla.
Placa conmemorativa
Los descendientes de los voluntarios que colaboraron con el entonces coronel San Martín organizaron una colecta para solventar una placa conmemorativa. Será colocada con aportes de los familiares de Julián Corbera, Manuel de Isasa, Nazario Palacios, Felisardo Piñero y Pablo y Alfonso Rodrigáñez. Las familias que descienden de estos voluntarios son: Isasa, Fraire, Argumedo, Alonso, Baigorri, Guezuraga, Alvarez, Zorrilla y Ravena, entre otros. Aquellos que deseen colaborar escribir a alonso@funescoop.com.ar y agauna@hotmail.com o llamar al 493-6383 y 03476-427270. La placa se colocará en el convento de San Lorenzo el 26 de enero de 2013.