Lunes 09 de Julio de 2012
La presente carta es en respuesta a la enviada por Silvia Buonamico, publicada el 3 de julio. En dicha publicación se critican abiertamente algunas prácticas de la Iglesia y sus integrantes. Siendo su primera carga, contra el celibato. Allí afirma que una persona no puede predicar el amor entre sus iguales, si ha tomado el voto que antes mencionamos. Para no caer en burdos ejemplos, pero si prácticos, me pregunto: ¿no puedo yo, en condición de soltero, aconsejar a un amigo casado ante algún problema que él me presente, desde la mejor de mis intenciones? ¿Acaso un padre que no accedió a los beneficios de una buena educación, no está en derecho y obligación de motivar a su hijo para que estudie y se desarrolle? También se asocia de manera directa al voto de castidad con la pedofilia y otras prácticas perversas y deleznables. Sacar con liviandad este tipo de conclusiones pone en tela juicio la intachable reputación de incontables servidores de Dios (incluido el padre Ignacio, de quien se destaca su labor). Otra de las cuestiones en las que hace hincapié es la supuesta visión negativa hacia la mujer. Esto no es así. De hecho me enorgullezco en asistir a una parroquia perteneciente a una congregación mundialmente conocida por la labor de sus mujeres. Y soy testigo día a día de que cada vez más mujeres se suman a las distintas propuestas de índole personal o comunitaria que tiene la Iglesia. Para terminar, me gustaría contestar su interrogante ¿qué porcentaje de ingresos enviados de las distintas iglesias al Vaticano es destinado, por ejemplo, a paliar la hambruna en Africa? Ojalá pudiera responder de manera más certera sobre una realidad tan distante como la africana, pero si de algo sirve para mitigar su insomne duda, la comunidad a la que pertenezco recaudó más de veinte mil pesos en menos de una semana para la reconocida colecta de Cáritas, destinada a tratar de paliar, situaciones de vida difíciles, de realidades mucho más cercanas a nosotros. ¿No sería más fácil, si todos tratáramos de ayudar de manera desinteresada al que tenemos más cerca? Por lo expresado, la exhorto, señora, a vivir la realidad del amor y la ayuda al prójimo de manera más palpable y eficaz. Espero que sirvan estas humildes palabras para entender que los que tratamos de practicar o profesar el amor al prójimo (que es el verdadero amor de Dios), no cesaremos en nuestros esfuerzos, ante cuestionamientos sin buenas intenciones aparentes y polémicas huérfanas de todo sentido.
Nicolás Grasso Maksymiak
DNI 28.314.443