Reorientar las prioridades
Por estos días miro azorado un debate pocas veces tan estéril y anacrónico como el rol del edecán o de las FFAA, en posturas totalmente dogmáticas, dicotómicas, de un falso dualismo que no construye sino escinde, con el objeto de demoler ciertos avances que en principios del siglo XXI parecería irracional discutir.

Lunes 29 de Marzo de 2010

Por estos días miro azorado un debate pocas veces tan estéril y anacrónico como el rol del edecán o de las FFAA, en posturas totalmente dogmáticas, dicotómicas, de un falso dualismo que no construye sino escinde, con el objeto de demoler ciertos avances que en principios del siglo XXI parecería irracional discutir. A lo largo del intercambio, estas posturas irreconciliables desde lo ideológico, fomentan la fragmentación social y no encausan energía y buenas intenciones en pos de proyectos colectivos que generen beneficios tangibles a la comunidad. Me parece que el verdadero debate pendiente de cara al Bicentenario de la Nación de 2016, es cómo construir una sociedad integrada desde lo económico, político y social. Pienso que debemos ocuparnos de temas que son prioritarios, actuando sobre las causas primeras y no sobre las consecuencias para tomar medidas de corto, mediano y largo plazo en un plan consensuado y eficaz. Los países que tienen debates de mayor altura intelectual discuten en el plano económico qué importancia relativa se le asignan a la ciencia y la tecnología, el rol verdaderamente democratizador de una educación técnica de excelencia que tenga en cuenta los requerimientos de las pymes regionales, líneas de crédito que posibiliten la generación de industria pesada con altos estándares de calidad para ser competitivos a nivel mundial. En lo político reconstruir de a poco el contrato moral, es decir la relación Estado-ciudadano, que llevará algunos años pero que es posible con propuestas que erijan una institucionalidad sólida, transparente y representativa. Por último, en el plano social debemos entender la premisa que sostiene que "si no es para todos, no es desarrollo". En palabras de Amartya Sen, el valor del desarrollo radica en generar en las personas la capacidad de elegir y actuar por sí mismos, "como un proceso de expansión de las libertades reales de las que disfrutan los individuos". El papel insustituible del Estado es el de integrar y articular un modelo económico que permita la inversión privada en un marco de certidumbre y estabilidad, fomentar las innovaciones disruptivas que generan nueva riqueza, pero a su vez garantizar derechos básicos, brindando herramientas que eleven la auto sustentabilidad de las personas. Las verdaderas cuestiones pendientes después de 200 años de vida de nuestra Nación, son éstas y no si el edecán debe estar erguido o encorvado, dicho sea de paso, bregando por la protección de una presidenta que, aunque nos pese, fue votada por el pueblo.

Cristian Bergmann

cristianbergmann@gmail.com