Domingo 21 de Junio de 2009
El crimen del agente policial Emanuel Dal Mastro, baleado la noche del jueves dentro de una casa
de citas del centro rosarino, desembocó ayer en el relevamiento del jefe de la seccional 1ª y del
titular de la Inspección de Zona 1ª en cuya jurisdicción funciona el departamento privado. Los
relevos fueron ordenados por el jefe de la Unidad Regional II, quien de esa manera parece haber
corrido el velo de lo que hasta el viernes era un secreto a voces: que el agente asesinado estaba
en el lugar cubriendo un servicio adicional en negro. En tanto, ayer a la mañana los restos del
uniformado fueron sepultados en el cementerio municipal de Roldán sin ningún tipo de honores ni
reconocimientos (ver aparte).
Casi en el mismo momento en que se producía el sepelio de Emanuel Dal
Mastro, el jefe de la policía rosarina, comisario mayor Osvaldo Toledo, ordenaba el relevo de
Marcelo Albornoz, hasta ayer titular de la comisaría 1ª, y del inspector de la primera zona, Nelson
Inneco, quienes además fueron sumariados por la fuerza a fin de determinar sus responsabilidades en
cuanto a la presencia del agente fusilado en el prostíbulo de Mendoza 909. “Necesitamos saber
hasta qué punto estos dos altos oficiales sabían de la existencia de ese lugar ilegal y que allí
cumplía tareas uno de sus subordinados, más allá de que aún está en duda el motivo de la presencia
del agente en esa casa”, dijo un vocero.
Los comisarios relevados “son los responsables primarios de la
prevención y seguridad de la zona céntrica de la ciudad y de la supervisión y control de ese
trabajo respectivamente, por lo que no se les puede escapar que en su área funcione un sitio por
fuera de la ley y mucho menos que un agente cumpla función allí”, agregó la fuente.
En un parte oficial, la UR II informó que en la seccional de Juan Manuel
de Rosas al 1300 fue designado el comisario principal Hugo Héctor Miranda (hasta ayer jefe de
Seguridad Personal), en tanto como inspector de la zona asumió el comisario inspector Walter
Miranda (ex subjefe de la División Judiciales).
El hecho. Todo ocurrió pasadas las 23.30 del jueves cuando en la casa de planta alta conocida
como “Paraíso Real” había trabajando cinco chicas bajo la custodia de Dal Mastro.
Entonces llegaron dos jóvenes arropados con camperas de jean que se anunciaron en el portero
eléctrico y subieron hasta un hall. Todos sus movimientos quedaron registrados por las cámaras de
video estratégicamente colocadas en el ingreso y en la recepción del local, cintas que ayer eran
analizadas detalladamente por los peritos de Jefatura para poder identificar fehacientemente a los
homicidas.
Una vez en el interior del prostíbulo, uno de los malhechores se dirigió
hacia una de las habitaciones mientras que su cómplice pareció seguirlo pero volvió sobre sus pasos
y sin mediar palabras disparó cuatro balazos contra Dal Mastro. Según los forenses que examinaron
el cuerpo del agente, éste alcanzó a levantar su mano izquierda con el fin de arrebatarle el arma
al agresor y por eso el primer tiro le perforó la mano y se le incrustó en el hombro izquierdo.
Otros dos balazos le partieron el pecho y lo mataron en el acto.
Tras ello, los delincuentes se alzaron con la billetera de una de las
alternadoras del lugar, en la que había 1.200 pesos en efectivo, además de un teléfono celular.
Cuando quisieron escapar se toparon con que la puerta de ingreso no se abre si no es a través del
portero eléctrico y entonces obligaron bajo amenazas a una de las cinco chicas que estaban en el
prostíbulo para que les franqueara el paso. Después se perdieron en la oscuridad de la noche.
Contradicciones. Desde un primer momento, las distintas fuentes de la Jefatura rosarina fueron
escuetas en cuanto a la información acerca del motivo de la presencia de Dal Mastro en el lugar. Es
que muchas cosas se jugaban y se juegan con esos datos. Reconocer que un agente público, aunque sin
uniforme y franco de servicio, estaba custodiando un lugar prohibido por la ley, hubiese sido
aceptar que la fuerza tolera su existencia y hasta les brinda protección.
Por eso, a lo largo del viernes no hubo comunicación oficial e incluso
algunos voceros sugirieron un par de hipótesis, pero siempre a partir de la presencia ocasional del
Dal Mastro en el sitio: un simple intento de robo que el agente pretendió abortar o un ajuste de
cuentas cuando el policía fue reconocido como tal por uno de los maleantes.
Lo cierto es que el agente de 26 años, que desde hace algunos meses
prestaba servicio en la seccional 1ª y estaba allí reemplazando a un compañero actualmente de
licencia, ganaba 100 pesos extras cada noche de trabajo y así engrosaba su magro sueldo de 1.700
pesos.
La pesquisa. En cuanto a la investigación del homicidio, voceros policiales dijeron que se sigue trabajando en la identificación de los homicidas para poder dar con ellos. Para eso no sólo cuentan con la cinta de video (que dura un minuto y medio) sino también con un fotofit elaborado a partir de los testimonios de al menos una de las chicas que trabajan en el burdel. La causa está en manos del juez de Instrucción Lusi María Caterina. l