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"Relatos salvajes", el fenómeno que invita al debate social

La película de Szifron se convierte en record mientras dispara opiniones encontradas sobre la violencia reflejada en las historias.

Domingo 07 de Septiembre de 2014

“Los fenómenos no se explican” suele decirse a menudo. Y tras el primer impacto del éxito de taquilla de “Relatos salvajes” muchos cayeron en esta verdad de perogrullo. Sin embargo, Escenario recogió testimonios de protagonistas vinculados con el negocio del cine, con la creación y producción audiovisual, y, fundamentalmente, con el costado sociológico y político de la película de Damián Szifron, que ofrecen una reflexión precisa para comprender el por qué del suceso. Opiniones encontradas para explicar lo que otros apuntan como inexplicable.

   Las cifras son contundentes: el filme protagonizado por Ricardo Darín, Darío Grandinetti, Oscar Martínez, Leonardo Sbaraglia, Erica Rivas y Rita Cortese se estrenó el 21 de agosto en 337 pantallas del país y, al 4 de septiembre, acumuló 1.338.479 tickets. Ya en el primer fin de semana, con 450 mil espectadores, se convirtió en el mejor debut de la historia para una película de origen nacional, y postergó nada menos que a “Metegol”, de Juan José Campanella, que hasta el momento ostentaba ese trono.

   Ahora bien, ¿qué tiene “Relatos salvajes” para convertirse en la película que la gente quiere ver? El corcho que emerge en el agua cuando se le pregunta a un espectador corriente sobre algunos aspectos de su trama irá en dirección a una sola palabra: la violencia. Es que las seis historias están atravesadas por la violencia, sea de las instituciones, familiar, de clases, de vínculos, de pareja. Se puede rotular como violencia social o cotidiana, es decir, lo mismo que genera repudio en el día a día aparece, en un primer análisis, como la principal atracción para llenar las salas.

   “La película juega con esa contradicción: los argentinos nos quejamos de la violencia, pero todo el tiempo estamos ejerciendo violencia, reproduciendo violencia, festejando la violencia”, dijo Martín Appiolaza, especializado en seguridad pública y políticas sociales y miembro del Instituto Latinoamericano de Seguridad y Democracia (ILSED).

   Appiolaza, que respondió a Escenario desde Guatemala en un alto de su participación en una conferencia de Unicef donde presentó una investigación sobre violencia, agregó: “Cada uno de los relatos opera poniéndonos en una de las perspectivas (ya sea de quienes ejercen la violencia o de quienes la sufren) y después nos lleva a cambiar el punto de vista justificando esa violencia. Neutraliza los argumentos para frenar a violencia y la justifica. Entonces, disfrutamos la película como un carnaval: un par de horas de romper códigos, de vivir sin reglas. El mérito está en vomitarnos a la cara nuestro doble estándar ético: que a otro le pase cualquier cosa, pero que a mí no me pase. Seguro que algo habrá hecho”, ironizó en abierto sentido crítico.

   Cada historia de la película de Szifron, de alta calidad técnica y cuidadas interpretaciones, gira por la delgada línea identificada con la pérdida del control. Desde el enemigo común de todos los pasajeros de un avión a la mujer que es la mano ejecutora de la venganza de su amiga, pasando por la lucha de clases metaforizada en una mera discusión de tránsito en una ruta, hasta el encubrimiento de un crimen en una clara ostentación de poder de una familia adinerada. En extremos de humor negro, también toca esa veta salvaje el cuento del ingeniero especializado en explosivos que se hartó de la burocracia institucional y la bizarra fiesta de casamiento donde la hipocresía y la infidelidad se hacen el amor y transpiran sangre.

   El sociólogo Daniel Cholakian, a cargo del programa “Imaginación cultural” de la Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional, conducida por Ricardo Foster, se permite dudar acerca de la visión común que indica que la película retrata la violencia social. “La película retrata circunstancias violentas en las cuales se ven involucradas principalmente personas de las clases medias altas urbanas. Violencia social es un término mucho más amplio y cualquier estadística demuestra que cerca del 80% de las víctimas de violencia son los sectores más pobres, en muchos casos dentro de su propio contexto”, indicó quien además es crítico de cine y conduce el ciclo radial “Bajo el volcán”, de FM La Tribu, de Buenos Aires.

   “La película retrata algunas formas de violencia de las que son parte sujetos de clase media alta y esencialmente de grandes ciudades (con excepción del primer relato protagonizado por Grandinetti), vistos exclusivamente desde el punto de vista de un sujeto urbano cargado con los preconceptos propios de su sector social. En este sentido, el modo de representación, el tipo de planos, los enfrentamientos, el lugar del sujeto en el encuadre, reproducen la mirada que legitima ese modo de ser en el mundo”, agregó Cholakian.

Los números mandan. Sólo en la primera semana de exhibición, “Relatos salvajes” obtuvo el siguiente impacto en los cines de Rosario: Showcase, 20.500 tickets; Village, 8.600; Monumental, 5.200; Sunstar, 2.900 y Del Centro, 1.400 localidades. Es decir que, en sólo siete días, unas 38.600 personas vieron el filme de Szifron en la ciudad, un dato no menor.

   Daniel Grecco, gerente del Complejo Monumental, y autor del libro sobre la historia del cine “Proyectando ilusiones”, dijo que “en esta película se está reflejando lo que pasa política y socialmente. Y también se aborda la cuestión judicial del país, como en el cuento de Oscar Martínez, que se observa que la ley de hoy está terriblemente contaminada”.

   Para Grecco, el suceso que despertó la oscarizada “El secreto de sus ojos”, de Campanella, fue mayor que el que transita el filme de Damián Szifron, pero adelantó que “ya es uno de los más taquilleros del cine argentino”.

   Sin embargo, los factores que convocaron al público en ambos casos fueron disímiles. “Es uno de los arranques más auspiciosos, pero esto demuestra que cuando el cine nacional ofrece un buen producto no necesita el amparo de nadie. Fijate que «Relatos salvajes» arrancó con buen aparato publicitario y resultó, pero está demostrado que el cine argentino no necesita publicidad cuando es de calidad, porque en la película de Campanella funcionó el boca a boca, como ocurre siempre cuando la película es buena”, indicó Grecco.

   Según Gustavo Postiglione, quien acaba de rodar en la ciudad “Lejos de París”, con Norman Brisky y Gastón Pauls, “el éxito de «Relatos salvajes» se debe a una combinación entre una película con una gran promoción, pero que gusta mucho a la gente y que por consiguiente genera un muy buen boca a boca”, dijo en coincidencia con Grecco. “Es decir, tiene las condiciones ideales para ser un éxito. Además, el hecho de que hay un director talentoso detrás de esa película es también un elemento importante a tener en cuenta”, apuntó en referencia al director que fue conocido popularmente por su éxito televisivo “Los simuladores”.

   El director local, que brilló con “El asadito” y “El cumple”, estableció ciertas diferencias entre las producciones locales y las que tienen el amparo de un aparato nacional o internacional, como en este caso, ya que el citado éxito de taquilla está coproducida por El Deseo, de Pedro Almodóvar. Y planteó la universalidad de la propuesta de Szifron. “En Rosario todavía no se hizo una película en la escala comercial de «Relatos salvajes», por lo tanto no se puede comparar, y creo que a esta película en particular le excede el lugar de origen, podría estar filmada por un porteño, un mendocino o un entrerriano, y sus locaciones podrían ser todas de una sola provincia y sería el mismo fenómeno”, indicó el realizador.

   Sin embargo, Cholakian no está de acuerdo con cierta universalidad de la violencia que plantea el filme: “La violencia personal es un problema en el mundo y las principales víctimas son las personas de menos recursos. La violencia institucional es también mucho mayor sobre los sectores marginales y empobrecidos. De modo que la película está a años luz de reflejar la universalidad de esa temática. Lo que pasa es que el mundo de la burguesía occidental moderna se autoproclama como universal. La filosofía griega es la única filosofía clásica y la tradición judeo cristiana es la religión universal. Así, la violencia de la que es víctima la clase media urbana es la violencia universal, pero no lo es. De todos modos, me niego a discutir la violencia desde los saberes propuestos por «Relatos salvajes» y me atrevo a pensar que Szifron estaría de acuerdo conmigo”.

Bajada de línea. Entre voces a favor y en contra de la película, como ocurre en todo fenómeno, surgieron quienes sostienen que la película está en línea con el discurso kirchnerista y otros que dicen todo lo contrario. “Un mérito de la película es que no tiene bajada de linea ni tampoco muchas concesiones. Lo que quieren elogiarla tratándola de panfleto, en realidad están insultando la inteligencia de la película. No es «Pulp Fiction» dirigida por Pino (Solanas), es como decir que «Pulp Fiction» era una película contra (el ex presidente estadounidense Bill) Clinton. Una pavada. Sí creo que «Relatos» cuenta cómo se ejercen distintos tipos de violencia más estructurales y desencadenan otras formas de violencia directa. Habla del maltrato escolar, laboral, en las parejas, en las calles, la discriminación en distintas formas. Cuenta sobre las formas de violencia del poder y de los poderosos. Salí del cine con la idea de que la violencia es una consecuencia, pero el tema de la película es la desigualdad que despierta reacciones violentas. Los espectadores terminan festejando a los que se rebelan contra una sociedad injusta, a los rebeldes primitivos del hoy”, destacó Appiolaza.

   Al respecto, Cholakian agregó que “las lecturas en el cine son variadas, intencionadas, ingenuas, banales” y abrió el juego del debate político: “Probablemente muchas de las críticas al kirchnerismo provengan más del sentido común que de un análisis sostenido y profundo. Por supuesto que hay muchas críticas importantes y valiosas que se hacen con fundamentos trabajados y son más que pertinentes. Sin embargo, diría que «Relatos salvajes» opera en el espacio del sentido común, dentro del cual además acomoda las piezas de un modo demasiado calculado para que el público masivo (clase media y urbano) no se sienta totalmente excluido en ninguno de los cuentos”.

   “No es ni remotamente la mejor película del cine argentino, ni siquiera la mejor del año, pero tampoco es detestable. ¿Es necesario que pensemos una cosa o la otra?”, concluyó el sociólogo y crítico de cine.

   La paleta de colores dispara matices, mientras “Relatos salvajes” agota localidades y después del buen paso por Cannes ya fue elegida para abrir la competencia oficial del Festival de Cine de Biarritz, en Francia, que comienza el 29 de septiembre. El debate sigue abierto en la ciudad de la furia, cercana, lejana o fantasiosa. Una furia en las taquillas, eso sí, que posiciona al cine como vehículo de reflexión. Bienvenida esa furia de celuloide.

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