Lunes 08 de Febrero de 2010
Días atrás una señora comentaba la demora en la llegada de una carta desde Boston a Rosario. Y alguien le contestó, pienso que irónicamente: "¿Qué es una carta?". Qué pena si lo sabe y se burla, y mucho más si no lo sabe. El placer en el acto de escribir una carta es inigualable: volcar en ella nuestros sentimientos, nuestras preocupaciones, nuestra letra que también demostraba nuestro estado de ánimo. Ahora estamos frente a una pantalla de caracteres perfectamente legibles, que sirven para una comunicación rápida pero sin emoción. Cómo poder explicar el momento de recibir una carta de seres queridos, y si enviaban fotos... un festival de alegrías. Yo mantuve la costumbre todo lo que pude, hasta que un día pregunté en varias librerías por papel vía aérea y me miraron con extraña expresión. Ahora todos los días nos enviamos correos electrónicos con mi hermana y veo las fotos que sube mi sobrina. Pero no es lo mismo. No miro televisión, pero lamentablemente sigo mirando una caja no tan boba. Suerte que por ahora sigue habiendo libros de papel, aunque ya están los electrónicos. Sí, acepto. Me estoy poniendo vieja.
Graciela Fernández Diez, graciela.fernandez10@yahoo.com.ar