Martes 11 de Junio de 2013
Así son las cosas en la ciudad de Rosario, en el año 2013. Las familias que necesitan alquilar una vivienda deben pasar obligadamente por un filtro llamado inmobiliarias. Los dueños de las viviendas (locadores) autorizan a estos grupos organizados para que se encarguen de los detalles desagradables que implica el tratamiento con inquilinos (locatarios). Deslindan toda clase de molestias y compromisos. Las inmobiliarias acceden gustosas y cobran. ¡Cómo cobran! Les detallo por si algún desprevenido no se enteró. Para las viviendas de familia el contrato es por dos años, durante los cuales el primer año el locatario deberá hacerse cargo de: 1) el alquiler pactado, 2) la comisión de la inmobiliaria, que es el 5% del total del contrato más IVA, 3) un mes de depósito, 4) sellado del contrato, 5) averiguación de garantías 6) seguro de incendio, 7) gastos administrativos, 8) gastos centrales, 9) TGI, 10) API, 11) Aguas, 12) impuesto al débito bancario (el alquiler se paga en bancos para seguridad de la inmobiliaria(?), 13) cambios de titularidad de los servicios. Y recién comienza la mudanza con todo lo que ello implica. El segundo año el alquiler original se aumenta en un porcentaje que varía entre el 25 y el 35 % según se le antoje a la inmobiliaria. Los garantes con sus viviendas o sus sueldos, son los responsables si el inquilino no cumple una sola de todas estas barbaridades creadas por el hombre a favor de las llamadas inmobiliarias, que seguro funcionan avaladas por la Cámara Inmobiliaria. Todo en regla. Si se necesita rescindir el contrato antes de los dos años, por falta de trabajo, enfermedad o muerte de alguno de los inquilinos, abandonar la vivienda resulta imposible a no ser que el quini, el bingo o algún pariente millonario se presente oportuno. Porque se paga un mes o un mes y medio de “castigo” por la rescisión anticipada (sin contar que se debe avisar con 60 días de anticipación). Si el inquilino no posee esa montaña de plata queda como verdadero rehén, no hay vuelta atrás. Al cabo de los dos años si sobrevive a esta barbarie y renueva contrato se repiten los gastos. Todo esto ¿por qué? ¿Será porque Rosario tiene miles de departamentos desocupados? ¿O porque hemos dejado de confiar los unos en los otros? Muy pocos son los dueños que alquilan sus viviendas sin intermediarios. Alguien tiene que posar sus ojos en esta injusticia que afecta directamente a los trabajadores de nuestro país. Mientras tanto: ¡inquilinos y garantes abran los ojos antes de firmar!
Edith Michelotti