Jueves 14 de Noviembre de 2013
Binner clamó hace cuatro años que la Constitución local “¡es una vergüenza!”. No era para tanto. Bonfatti volvió a la carga a sabiendas de que difícilmente el proyecto cuaje. Sus argumentos son banales. Por ejemplo, agregar derechos cuando ya están establecidos en la Constitución nacional y en tratados o en leyes federales. Por supuesto, rigen en la provincia. La autonomía de las ciudades es una impropiedad: jamás pueden superar ser entes autárquicos territoriales; solamente la provincia es autónoma. El artículo 123 de la Constitución nacional (reforma 1994: mare tenebrosum), es cierto, determina la autonomía municipal. Un dislate en derecho público. Las ciudades, en tanto, embolsan la tasa; el 80 por ciento de la patente automotor y el 50 por ciento del impuesto inmobiliario; y sus propios sellados, multas y demás gangas: un dineral. El Consejo de la Magistratura, que en la Nación fracasó estrepitosamente, y en Santa Fe prefiero no hablar, bien puede establecerse por ley común. La reelección del gobernador por una vez no parece mejor que lo actual: reelección indefinida bien que con períodos intermedios; casos de Reutemann y de Obeid; y tal vez de Binner si modera sus apetitos. La representación en el Poder Legislativo debiera ser democrática. No es posible que departamentos con 55.000 habitantes y Rosario, con más de un millón, tengan ambos un solo senador. Lo mejor es el régimen unicameral. La Comisión Comunal, artículo 107 de la Constitución local, está ahora por dos años. Llevar a cuatro podría ser positivo. Pero no justifica una convención constitucional. Tampoco que los políticos limiten sus mandatos a dos períodos. Pues, ya se sabe, hay multitud de cargos. De modo que, buenos garrochistas, saltimbanquis y paracaidistas como son, con rigidez facial saltarían de uno a otro. De concejal a diputado; de diputado a ministro; de ministro a senador; de senador a intendente; de intendente a jefe comunal porque a veces “los equipos descienden”; de intendente a vicegobernador; y todo sin contar las sinecuras en la Nación o en los entes y empresas públicos. Por algo la frase “hecha la ley hecha la trampa”. En cuanto al rechazo de parte de la oposición, es injusto. En verdad que hay asuntos más relevantes. Sería el caso, se me ocurre, de atenuar la “masacre por goteo” a que estamos sometidos. Pero se puede, me dicen, hacer dos cosas al mismo tiempo, dormir y roncar, robar y repartir, ser ladrón y tonto. Aunque no para Benavente: “Lo más parecido a la inteligencia es la pillería”.
Julio Chiappini