Viernes 22 de Julio de 2011
Son las siete del día domingo 17 de julio, recién termino mi jornada laboral de taxista y me dispongo a leer el diario. Me da pena saber que otra vez somos noticia, que va a contramano con aquella propaganda; en vez de aquello “caro, pero el mejor”, es “caro, pero el peor”. Es más, por momentos pienso en la maldad del mundo, ¿no será un invento de los que manejamos taxis? Otra cosa que me da tristeza es ver que en el artículo opinan todos, pasajeros, secretario de Servicios Públicos, concejales ¿y los choferes? Digo, como para alegar (no hablemos de defender, sólo alegar). En ese momento, el artículo en sí deja de ser objetivo, busca el punch, vender y pararse de un lado, no informar. Si la intención es informar, como ya lo he hecho en otra oportunidades invito a cualquier periodista a compartir unas horas de labor, como para mirar el otro lado del mostrador. Pero yo no soy quién para explicar cómo hacer periodismo, aunque Diego Veiga me quiera explicar cómo ser taxista. El profundo desconocimiento aterra, pensar que el único problema del taxista es la inseguridad y decir “el taxista tiene que hacer lo que el pasajero le pida”, es estar parado en otro lado. Y si el hacerle caso al pasajero incluye entrar en contramano para poder asegurar el cobro de un viaje (porque es el único servicio público que se le puede deber) o tener que circular con la puerta semiabierta porque el pasajero está tan beodo (por ser delicado) que va dejando un rastro de vómito a su paso; o llegar a destino y que te digan no tengo plata. Vos decís “llamo a la policía”, y la señorita te responde “llamá y te acuso de haberme manoseado”. Estas son sólo grageas de lo que puede pasar en un día laboral. Muchos hablan de más taxis (no hay suficientes choferes para los autos que hay), jornadas de 8 horas y tantas cosas más que ya no recuerdo. Según lo que dice el ticket, anoche trabaje 10 horas, mi facturación total fue de 507.42 pesos. Yo trabajo al 30 por ciento del total, o sea que me llevo a mi casa 152,22 pesos. Trabajé para mí a un promedio de 15 y monedas la hora. Es mucho, es tanto, teniendo en cuenta que es un fin de semana. ¿Se imaginan si las jornadas fueran de ocho horas? O somos los parias de la sociedad o somos reflejo de ella (no lo termino de acomodar en mi cabeza). Que hay choferes sucios, mal educados, sí los hay; pero también hay pasajeros sucios y mal educados. Jerarquicemos la profesión, unidades limpias, bien pagos, todo reluciente. Pero también que el pasajero esté a la altura de las circunstancias, es una unidad de alquiler. Yo no soy Gutiérrez, el chofer de Oaky, soy un laburante. Por el hecho de abonar un servicio no te da derecho a decirme qué tipo de música debo escuchar. Así no, así la cosa jamás va a funcionar.
Pablo Gabriel Giménez, DNI. 21.531.682
N. de la R.: El señor Giménez está en su derecho de decir que el periodista no debe enseñarle a ser taxista, pero evidentemente no leyó bien lo que este diario publicó el domingo pasado. Allí se dijo que, como en todos los órdenes, en esa profesión hay buenos y malos. También puede leer una nota del periodista aludido publicada en 2009 (la puede buscar en la web) en la que pasó toda una noche en un taxi y reflejó cómo trabajan los tacheros en horarios nocturnos.