Jueves 13 de Junio de 2013
Considero interesante hacer referencia a una aseveración muchas veces repetida por parte de algunos funcionarios y referentes oficialistas que atribuyen a la acción de gobierno la creación de cinco millones de puestos de trabajo, sin hacer distinción de que hayan sido formales o no. Al respecto, me surgen dudas derivadas de los cálculos que paso a referir, todos basados en datos oficiales del Indec. En el segundo trimestre de ese año, luego de asumir el doctor Kirchner, se tuvo una tasa de desocupación del 15,6 %, es decir 2,2 % menor a la máxima del 17.8 % del segundo semestre de 2002 aún en plena crisis. Dado que para el año 2003 la fuerza laboral del país era de casi 16 millones de personas, esa tasa implicaba que hubiera unos 2,50 millones de desocupados. Para el año 2012 los guarismos declarados son de 6,8 % y 16,82 millones respectivamente. Esto significa que tuvimos unos 1,14 millones de desocupados y unos 0,82 millones de personas incrementando la fuerza laboral. Si calculamos haciendo 2,50+0,82-1,14 = 2,18 millones de puestos creados, muy lejos de los cinco millones declamados. Entonces, si bien esta reducción en los índices de desocupación ha sido un logro muy importante por todo lo que significa para nuestro pueblo poder ganarse el sustento dignamente y por sus propios medios, no se entiende cuál es la razón que lleva a nuestros actuales gobernantes a insistir en un discurso grandilocuente y mentiroso que sólo lleva al propio descrédito apenas se advierte su basamento falaz. Mención aparte merece el hecho de que no se hayan podido superar las desfavorables situaciones que acarrean al trabajador su desempeño en la economía informal dado que, a 10 años de la mencionada crisis, aún se contabiliza casi un 40 % de trabajadores no registrados. En mi modesta opinión, no es posible para nadie encarar soluciones exitosas para los problemas en la medida en que no se asuman previamente las verdaderas dimensiones que ellos tienen, salvo que nuestros gobernantes no ignoren la verdad y estemos frente al empleo de una política propagandística deliberadamente engañosa para captar voluntades a cualquier precio. Dejo al lector hacer su propia evaluación sobre en qué realidad nos encontramos a este respecto. Por mi parte digo: ¡ya tenemos los puestos de trabajo, ahora consigamos los trabajadores!
Carlos Oggero