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Refinería: un histórico barrio obrero al que ya tientan con un futuro VIP

Fue el primer barrio obrero de la ciudad y durante los últimos años se lo miró como al vecino pobre de los arrolladores proyectos de Puerto Norte. No obstante, en la mirada de urbanistas y agentes inmobiliarios Refinería pinta como la zona de la ciudad con mayor potencialidad de crecimiento a corto plazo.

Domingo 15 de Abril de 2012

Fue el primer barrio obrero de la ciudad y durante los últimos años se lo miró como al vecino pobre de los arrolladores proyectos de Puerto Norte. No obstante, en la mirada de urbanistas y agentes inmobiliarios Refinería pinta como la zona de la ciudad con mayor potencialidad de crecimiento a corto plazo. Algo de esto se ve en sus calles, donde las viejas casas bajas empiezan a colgar carteles de venta. Incluso, sobre avenida Cándido Carballo ya asoman proyectos de edificios premium en los que el metro cuadrado se valúa hasta en 2.800 dólares, casi lo mismo que en las torres. Pero en la zona coexisten universos paralelos: pobres y ricos, lujo y miseria, servicios de Primer Mundo y cuadras oscuras, inseguras, algunas sin cloacas ni gas natural.

Basta caminar unos metros por la primera cuadra de Junín o perderse por la cortada Arenales para percibir contrastes.

De un lado de Francia una familia aprovecha el fresco de los árboles para tomar mate sobre una mesa de cemento plantada en la vereda de tierra, un grupo de caballos pasta en una improvisada canchita de fútbol y por todos lados hay obreros sentados en el piso compartiendo el almuerzo. Cruzando la calle, el sol del mediodía rebota en los muros vidriados de las torres de oficinas Nordlink y un par de Minicooper entran y salen del estacionamiento.

El barrio Refinería (oficialmente, Islas Malvinas) suma unas 45 manzanas, desde avenida Alberdi a Carballo (ex Tres Vías) y de Francia a las vías. Durante mucho tiempo sus calles permanecieron casi escondidas, pero el cese de la actividad cerealera primero y la urbanización de las tierras que pertenecieron al ferrocarril después volvieron a colocar a sus casas bajas, talleres, bodegones y conventillos en la mirada de todos.

"Siempre fuimos un barrio de gente bien. Ahora tenemos mejor imagen, somos un buen barrio", se entusiasma la presidenta de la vecinal, Graciela Sosa, como una forma de sintetizar los cambios de la zona.

¿Qué lo hace tan atrayente? Según explican conocedores del mercado inmobiliario local, hay varios factores: la cercanía con el shopping Alto Rosario y las nuevas urbanizaciones (Dolfines, Nordlink, Embarcadero, Condominios del Alto, Ciudad Rivera, Forum y Maui); las avenidas que lo conectan con el centro y hacen la llegada muy rápida; la presencia de terrenos aún vacantes con servicios y el hecho de que ya ostenta una movida de restaurantes y bares que anima sobre todo a la cortada Arenales y a Rawson.

Para el secretario de Planeamiento del municipio, Pablo Barese, Refinería "es una de las áreas que va a tener un gran potencial de desarrollo" en los próximos años.

"Seguramente el barrio necesita un proyecto de renovación y de sustitución, hay edificios en desuso y subutilizados y galpones vacantes. Son manzanas que necesitan un cambio urbano acorde a la infraestructura que tienen alrededor", dijo.

Con visión de futuro. Inversores y agentes inmobiliarios la tienen más que clara y en el lugar ya abundan los intentos por "tentar" a los antiguos residentes del barrio con ofertas de compra que no siempre son bien recibidas.

Algunos vecinos de Arenales entre Francia y Vera Mujica, por ejemplo, dicen que de ahí no se mueven. Es el caso, por ejemplo, de Lucía Moreira (42), consciente de que su inmueble se valorizó y dispuesta a "aguantar" hasta que llegue un ofrecimiento "irresistible".

Con su vieja casita sobre avenida Cándido Carballo al 500, Clorinda Fernández, de 74 años, lleva 47 en el barrio y tampoco piensa mudarse. "Desde el anteaño me vienen ofreciendo comprar. El último, hace 15 días, me dijo: «Con lo que te doy te comprás dos o tres departamentos en el centro», pero yo no vendo".

"Refinería todavía no encontró un techo", sentencia Fernando Beltramone, de la firma Beltramone Jorge SH.

Los operadores, sin excepción, coinciden en que se trata de un proceso de "desarrollo sostenido, pero no explosivo" (Beltramone), "imparable por la tracción que ejerce Puerto Norte, pero que llevará su tiempo" (Carlos Rubio, agente inmobiliario).

"El futuro de Rosario pasará por ahí, pero la renovación recién empieza", sintetizó Ester Virgini, de Asset Negocios Inmobiliarios.

Rubio dijo estar convencido de que en dos o tres años toda la avenida Carballo va a mostrar una línea de edificios de hasta ocho plantas, básicamente demandados por inversores dispuestos a alquilar.

Los precios. Las inmobiliarias consultadas por LaCapital coinciden en que el precio de los terrenos y los inmuebles aumentó al ritmo de los megaemprendimientos de Puerto Norte. "Sin eso valdrían la mitad", afirmó Rubio.

¿De qué cifras se habla? De un rango amplio, según zona. Para tener idea: un terreno en esquina en Vélez Sarsfield al 400, de 8,36 metros por 29,45, se ofrece a 160 mil dólares: 666 el metro cuadrado.

Otro en avenida Carballo al 200, de 9 metros por 13 (claramente, la arteria que más cotiza porque se puede construir en altura), se ofrece por 220 mil, con una caída que podría abaratarlo a 150 mil (de 1.900 a 1.300 el metro cuadrado). Y en las unidades recién construidas, nivel premium, los valores rondan entre 2.700 y 2.800 dólares.

Más allá de esa dispersión, lo cierto es que desde que se ensanchó Carballo, hace sólo 4 meses, en las tres cuadras que van de Thedy a Echeverría aparecieron carteles de venta y vallados sobre nueve propiedades, sin contar con que muchas casas de las que se mantienen en pie ya fueron recicladas o simplemente crecieron sin demasiado plano hacia arriba, en ladrillo hueco y sin revocar.

¿Qué quedará del viejo barrio obrero cuando estos desarrollos terminen de consolidarse? ¿Cómo convivirán casas bajas y torres de lujo? La respuesta la tiene el futuro, que ya empezó a construirse.

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