Recuerdo a un canillita
Quiero expresar mi más profundo dolor por una admirable persona, la cual entregó y proporcionó una importante parte su vida a una empresa, La Capital. Fueron 60 años, día tras día, que estuvo de pie, firme...

Sábado 12 de Enero de 2013

Quiero expresar mi más profundo dolor por una admirable persona, la cual entregó y proporcionó una importante parte su vida a una empresa, La Capital. Fueron 60 años, día tras día, que estuvo de pie, firme como un soldado, esperando que cada madrugada llegara el transporte, como se presente: con lluvia, viento, frío, fines de semana resignados por trabajo. Una tarea, sin dudas, sacrificada pero, sin embargo, que él no cambiaba por nada del mundo. Metódicamente, salía cada día a repartir casa por casa, ese “gran diario”, como él siempre lo llamaba. Defendió y otorgó todo de sí a este diario. Y si algún día surgía cierta dificultad y los clientes a primera hora lo llamaban, la respuesta otorgada justificaba a la editorial. Era un gran canillita, mi papá. El mismo que, cuando cambió el sistema, aceptó y tomó junto a la ayuda de mi mamá la distribución en la ciudad de Casilda. Era, por ejemplo, uno de los primeros en ir a efectuar el pago quincenal en forma prolija y adecuada. También era aquel que, mañana tras mañana, esperaba temprano La Capital para informarse y luego, informarnos de las noticias. Hoy, luego de transcurridos 20 meses desde que se desprendió de tal labor, por cuestiones propias de la edad, quienes lo amamos, veíamos que luchaba y concedía sus energías para entregar a primera hora el periódico y satisfacer a cada uno de los tantísimos clientes que él mismo había cosechado y con los que, además, había estrechado una gran amistad. Así era ese canillita. Así era “Mingo”, como todos lo conocían. Así era mi papá, que Dios le abrió la puerta el domingo 9 de diciembre. Por todo lo expresado considero válido y necesario este humilde y sencillo recordatorio que, sin dudas, se merece.

Gabriela Valdez