Viernes 06 de Abril de 2012
Recordar aquello que los griegos denominaron anamnésis, traer a la memoria, reminiscencia, a lo que Platón denominó la capacidad del espíritu, la esencia de rescatar el pasado. Por eso recordamos el 5 de abril de 1947, cuando César Duayen, Emma de la Barra de Llanos pasó a la eternidad. Escritora y periodista nacida en Rosario en 1861 bajo el signo de los inmortales. De esos que por herencia genética corre tinta por sus venas con olor a imprenta. Su padre, Federico de la Barra, fue el fundador del primer diario rosarino, La Confederación. Más tarde, junto a José Hernández, el autor del Martín Fierro fueron colaboradores de don Ovidio Lagos en la redacción de su diario, La Capital. César Duayen incurrió en el periodismo sustituyendo a su marido, Julio Llanos en las notas que enviaba en 1915 desde París al diario La Nación durante la Segunda Guerra Mundial. Como escritora de novelas, Stella, Mecha Iturbe, en su tercer trabajo de protagonistas femeninas que aparecía en forma de folletines, Eleonora, editada por la revista porteña El Hogar que redactó en 1933 pasando sus vacaciones en la estancia San Guillermo de Tortugas (SF). Quien suscribe le cupo en su adolescencia, la labor voluntaria en llevarle sus capítulos semanalmente y a caballo al correo de la localidad citada, como así su correspondencia proveniente desde Buenos Aires. Recordemos a César Duayen en su espíritu de mujer rebelde. En todos sus trabajos pintó el patriarcal machismo, pretensión del hombre donde la mujer era juzgada dentro del ámbito familiar aunque en ese circulo cerrado y estricto se tejían pasiones, intrigas y ambiciones de poder político, como de los bienes y de la cama. Además fue mujer de beneficencias, música y excelente pintora. Fue una apasiona profunda por el liberalismo decimonómico argentino, como así también muy elogiosa de la intelectualidad revolucionaria. En fin, un carácter de permanente luchador por la libertad de la mujer.
Roberto Linares